Retorno al blog.
Ya no diré que ahora sí, porque siempre que lo digo se me ceba. Es que a veces se me olvida publicar y la chamba y la Vida Real y todo eso. Pero últimamente he tenido un montón de buenas cosas que quiero escribir y escribir. Probablemente mis 18 seguidores se sientan entusiasmados y al resto de los mortales nos valga una real madre, pero ahora que estoy inspirado (aprovechar Marzo) retorno al blog y vuelvo a escribir. Esta vez me traigo también a Amorfista a mi otro blog, PacoCronopio, donde escribía más bien poesía (o lo que quiero llamar poesía, literatura, algo). Retorno al blog y vuelvo a escribir y no pienso volver a quedarme callado tanto tiempo.
Aquí entonces cosas que han cambiado de forma, cosas que escribo. Bienvenidos.
martes, 24 de marzo de 2015
Vuelvo a escribir
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Celebrar la Identidad
martes, 17 de mayo de 2011
De los tramposos
martes, 29 de marzo de 2011
Problema de fondo
Retrato de un país con un problema: México que se revuelca en su mierda, mierda de corrupción y de mentira. Mierda de abusos de arriba para abajo, mierda de proyección de esos abusos de un lado para otro. Policías que detienen inocentes, legisladores que se meten cocaína hasta por la cola antes de firmar tratados antinarco, funcionarios que inflan cantidades astronómicas de dinero por obra pública que gasta mucho menos; presidentes que se aumentan bonos por riesgo de trabajo, que dicen que están dispuestos a pagar el precio de la guerra porque matan a todos menos a los suyos, porque el riesgo no es de ellos. Un país de cafres en el transporte público solventado por cafres en las oficinas. Que se queja de incompetencia por analfabeta funcional. Un país de quejumbrosos de a lengua lisiada, de censura disfrazada y de abuso de poder. Un país de solidaridad falsa cual moneda de tres pesos, un país de Televisa. Un país de 80 % pobres manejados por 20 % ricos, que no cabe en las estadísticas su realidad, que se ve jodido y se tapa las orejas y dice "la-la-la" soñando que se acerca al primer mundo. Pero ese no es el problema de fondo: esa es la consecuencia. El problema sigue siendo que te dejas, mexicano.
Leia Mais…martes, 22 de marzo de 2011
Moraleja de la pulga
Cuando un perro tiene muchas pulgas, se sacude. Es natural entender eso porque las pulgas pican, y si pican duele. Del mismo modo, el perro planeta Tierra es un ser vivo y las pulgas le pican. Son casi siete billones de pulgas; y es natural que se sacuda.
Cuando toca hablar de temas ambientales me encuentro con sentimientos encontrados: por un lado me gusta la idea de cuidar al planeta y tener la conciencia de la forma en que el consumo humano lo ha venido desgastando; por otro, me purgan los discursos ambientalistas de optimismo irrelevante que señalan con el dedo una responsabilidad ecológica que no pretendo atribuirme.
Y vamos: hago lo posible por cuidar el agua (no le jalo al baño hasta que sea necesario, uso la misma carga de agua para tres cargas de ropa en mi lavadora...), no despilfarro energía eléctrica a lo güey ni compro loros en peligro de extinción. Me preocupa el planeta. Me gusta el planeta. Pero observo más allá de mi nariz en el asunto tan perturbador del fin del mundo en curso: no sirve de nada apoyar en fb un movimiento de "darle un respiro al planeta" apagando mi luz de 7 a 8 de la noche para sentir que cambiamos las cosas.
No invalido los esfuerzos de quienes le dan "un respiro al planeta" ni digo que sea una causa errada. Pero yo lo veo así: apago la luz un par de horas y voy al cine (porque ni modo de estar en casa a oscuras) y veo una película espectacular. Hollywood no apaga sus luces una hora al mes; Las Vegas no apaga sus luces una hora al mes. Y son ese tipo de luces las que valdría la pena apagar para que el mundo de verdad tenga un respiro. Pero como no lo hacen, la responsabilidad está en los pequeños ciudadanos promedio que sí podemos. A mi parecer, la situación es una piedra de Sísifo que a estas alturas no puede cambiar.
Y cuando estas pulgas (chiquitas y grandotas) molestan demasiado, la Tierra se sacude. Haití, Chile, y la más reciente rascada en Japón. Pasa que el planeta se defiende, como es natural. Pero lo más interesante del fenómeno es la manera en que el planeta desenmascara nuestra estupidez; nos hace ver que no importa si somos 3 o 7000000000 pulgas, ni si somos grandes pulgas o pequeñas pulgas: somos pulgas nada más.
Porque resulta que Japón, aún a sabiendas de que es una isla en el pacífico sumamente propensa a catástrofes naturales marítimas, y aún a sabiendas de que además tiene accidentes geográficos muy inestables, y aún a sabiendas de que es una zona sísmica muy fuerte, toma a bien poner una planta de energía nuclear cerca de la costa. "No importa, con nuestra super tecnología podemos garantizar que la planta no causará problemas, que soporta sismos fuertes. Somos japoneses, la naturaleza nos la pela..."
Y no: la tierra se rasca y tiembla. Más fuerte de lo que pensaron que podría llegar a temblar a mediano plazo. Luego el agua se alborota y ya: el planeta se ha quejado de las pulgas molestonas. Luego las pulgas hacen el resto. La planta nuclear se vuelve más peligrosa que el maremoto y ¿quién pagará las consecuencias? Naturalmente los poderosos toman un helicóptero, salen del problema y comienzan sus programas de contingencia no-cunda-el-pánico, todo-está-bajo-control... y la gente que no tiene helicóptero es la que al final pagará el berenjenal con su vida o con un tormento radioactivo atroz. Probablemente la misma gente que cuida el agua, apaga su luz una hora al mes, recicla y junta firmas para evitar la caza de ballenas...
MORALEJA:
Un sismo de 12 grados partiría al planeta en 2. Los ricos y los pobres se mueren igual y sienten igual el frío o el calor. Podemos seguir hablando o bombardeando Liberia, podemos hacer lo que se quiera desde abajo para cuidar al planeta, ya sea no contaminando en chiquito o presionando para que no se contamine en grande. Podemos fanfarronear y pensar que nada nos puede suceder, que tenemos mejores planes de contingencia que en Japón, que tenemos mayores recursos que Haití, que nos podemos acostumbrar a ser Chile. Un sismo de 12 grados, literalmente, partiría al planeta en 2.
Al final lo más conveniente para un perro cualquiera, es simplemente no tener pulgas...
lunes, 14 de marzo de 2011
Presuntos Culpables
(Puede contener Spoilers)
Jessi es amigo de un amigo. Caminaba por el boulevard 5 de mayo a eso de las 6 de la tarde y lo abordan tres policías. "Levante las manos ¿Qué tiene ahí? ¡Es marihuana! Újule". Le da tiempo decir que no traía marihuana, sino que se la plantaron. El policía lo acusa entonces de agredir a la autoridad. "No tiene pruebas" Macanazo a la cabeza. "Ahí está la prueba". En secuencia rápida: golpeado por los dos policías antes de subirlo al vehículo, sombras, esposado de ambas manos en un tubo, macanazos a cabeza y patadas en los genitales por otros 4 policías, sombras; de pronto en un cuarto con escolta de dos agentes encapuchados y rifles, un periódico extendido entre las manos con un octavo de kilo de marihuana (y amenaza previa: "si se te cae tantita, pobre de ti"). Junto a las escoltas, banners del gobierno federal y su lucha antinarcotráfico. Fotos. Un narcotraficante más detenido para que la droga no llegue a sus hijos... Después, 3 días después, liberado de noche. Terapia psicológica, pánico a la policía, resentimiento social.
Jaime, otro amigo de otro amigo, es propenso a realizar fraudes en bienes raíces con descarado cinismo. No importa, es amigo también de un magistrado y tiene un palco en el Cuahutemoc para reificar su amistad. La oficina de los trámites cierra a las 5, pero su amigo el magistrado puede "solicitar" que los papeles de Jaime se entreguen a las 6 si él no ha podido pasar por ellos e independientemente de que el personal ya no esté en hora laboral y tenga que regresar exprofeso o perder su chamba. Lo mismo que puede pasarse un alto en vuelta prohibida y patearle el culo (literalmente le pateó el culo) al agente de tránsito antes siquiera de que éste intentara obtener su correspondiente mordida. Al señor nadie lo toca. Todavía.
Cuenta una historia que el alcalde de una ciudad en la antigua Italia (no recuerdo detalles ahora mismo) estaba tan exasperado por el crimen en su ciudad, que mando destruyeran la cárcel y mataran a todos los presos. Dejó tan solo una celda en pie, donde cabía un hombre y no más. Un solo reo en toda la ciudad. Si alguien más era condenado por el crimen que fuera, mataban al encerrado y lo sustituían por el nuevo acusado. El crimen se resolvió en un mes, sin tanto circo.

Un documental mexicano circula por el país, buena noticia siendo un género tan poco popular en los masivos mercados de las exhibidoras de cine nacional. Un fenómeno mediático medio farnadulero de censura (como en "el crimen del padre amaro") lo catapulta todavía más, por morbo, a espectadores de todo el país. PRESUNTO CULPABLE se vende a gran escala. Por fin un discurso revelador tiene eco en la gente: la documentación del miserable sentido de la justicia en el sistema mexicano. No quiero hablar de lo obvio, sino de lo evidente. Lo obvio es que la impartición de justicia es descabelladamente absurda, injusta y prepotente como sistema en este país. Ver el documental basta para indignarse y bajar tantito la cabeza.
Lo evidente es, después, cómo se puede exhibir la incompetencia de QUIENES hacen justicia. ¿Esos son los jueces, como el que vimos en la película? Que me perdonen, pero su criterio es limitado y superficial. Su manejo de situaciones es paupérrimo, apenas tiene control de su dicción. ¿Esa la representante del MP? Un fallo de culpabilidad a pesar de que el único testigo en contra declara en voz alta no conocer al acusado. ¿Esos nuestros magistrados? 8 horas de discusión ante un video que cualquiera con un mínimo de estudio (o intuición) en lenguaje corporal puede determinar falaz. ¿Esos los judiciales? Gente que no puede ni siquiera recordar (ni queriendo hacerse pendejo) cuestiones fundamentales de su trabajo.
Ese es el panorama preocupante, el darse cuenta no sólo de que el sistema jurídico mexicano es una especie de broma de mal gusto (las estadísticas en el documental espantan) sino que, más allá del sistema, los responsables de hacer valer el orden social son incompetentes, mal preparados (que ni mentir bien pueden), y de completa "Pena ajena".
Estoy seguro que todos tendremos alguna anécdota como las tres que relaté arriba, todos podríamos compilar un documental masivo que le dé eco al que aquí nos ocupa. De las tres anécdotas ninguna debería suceder por mero Sentido Común. La tercera sería una posibilidad, siempre y cuando las cosas que Presunto Culpable pone en evidencia no sucedieran en un orden ideal de justicia. ¿Qué le podemos hacer? Le tengo más miedo a la pendejez que al narcotráfico, sobre todo cuando la pendejez se uniforma y tiene permiso para ejercer.
Una película de terror con final no tan feliz; todavía indeterminado.
miércoles, 9 de marzo de 2011
De la subida del pasaje
Volvió a suceder. Entre protestas y resignadas el precio del transporte público aumentó en Puebla. Esta vez de 5 a 6 pesos, lo que afectó naturalmente la economía del ciudadano común y provocó la consecuente indignación generalizada; pese a que no fueron los 8 pesos que en una especie de "campaña de prevención" habían anunciado antes. Tal vez en espera de una ironía sugerida por gobernación estilo "Sí, le subimos y todo. ¡Pero ánimo! Nada más fue un pesito porque somos buena onda y no los tres que te íbamos a atorar en un inicio". Buen gobierno.
De ahí a lo que sigue: la protesta ciudadana que obedece al primer impulso y que (aunque su justificación tenía y en ello su validez) parece no querer sentir el sentido común ni aunque la agarren a palos. Los universitarios a protestar hasta el punto del desmadre (rayoneando paredes, haciendo paros estudiantiles, provocando granaderos...) la gente a las marchas pagando sus 6 pesotes para llegar a zócalo y hacer sonar su protesta, y algunos otros más a escribir en blogs y medios al respecto. La parte que más me gustó fue cuando se propuso por redes sociales una "protesta pacífica" que invitaba a la ciudadanía en general a no usar, por un día, el transporte público y caminar, andar en bicicleta, o ponerse de acuerdo con automovilistas para viajar "de aventón" o en grupos al trabajo. Ternura de iniciativa.
Y con todo esto, yo en lo particular me dediqué a ser testigo de la protesta con la que estaba de acuerdo. Tan solo que me pareció más elemental un punto de vista más proactivo. ¿Y si les pago los seis pesos y dejo de pretender que van a escuchar las necesidades de la banda? Vale, les pago. Pero entonces que se comporten civilizadamente en su conducir. ES AHI donde la protesta ciudadana se debe hacer sentir si se espera un cambio.
Manejan a la velocidad que se les da la gana, se cierran, atascan de gente el microbús con sus groseras maneras de EXIGIRTE "pase para atrás", se detienen donde no es parada a platicar a gritos con el chofer de la unidad que se empareje y se frene en doble fila para hacer el chismecito laboral, invaden el paso peatonal, doblan a la derecha desde el carril de alta velocidad... lo que quiera usted, lector, lo que se le ocurra o le haya tocado vivir. ¡Y por tratarnos así nos cobran 5 o 6 pesos!
La protesta es simple: paguemos el servicio pero exigamos un servicio. Somos clientes de los choferes, y mientras no exigamos un respeto digno, un servicio elementalmente respetuoso, una educación vial, cualquier aumento por justificado que esté seguirá siendo igual de estéril.
¡¡Inténtalo!! La próxima vez que un cafre al volante maneje su unidad como si pudiera manejar con igual impertinencia tu propia vida, exígele de la manera más enérgica que te sea posible que maneje bien y que respete la civilidad vial. Sin miedo y con seguridad. Usa el aumento de pasaje a tu favor: que comprenda que estás pagando lo que han pedido y que ahora les toca a ellos respetarte como usuario. Así sí, las protestas se dirigirán a un cambio favorable en el sistema de transporte público.
lunes, 7 de marzo de 2011
2011: Cambiar las cosas.
Dejé de escribir en este blog. Al principio porque dejó de gustarme lo que escribía y después porque deje de escribir lo que me gustaba.
Pero se trata de cambiar, moverse, mejorar. Tantito porque uno quiere, tantito porque no queda de otra, porque así va el juego, porque hasta el Mundo gira y punto. Así que rescatándome de un ataque depresivo de haber dejado de escribir para sacar la cabeza por la ventana de la vida y darme cuenta de que las cosas afuera me gustan menos que mi blog, llegué a un par de conclusiones:
Primero: que o mi forma de entender al mundo no cuaja para nada con la forma que el mundo tiene de hacerse entender, o de plano la cosa es estúpidamente sencilla y el mundo se está yendo a los perros. O estoy mal yo, o está mal el mundo. Pero en cualquiera de los casos algo hace falta para que se sienta cierta suerte de equilibrio en la vida de un servidor; cosa que parece afectar a (casi) todos los demás, lejos de ser una sensación particular.
Segundo: que tengo el derecho de expresarme mientras pueda. Como todos. Porque mientras podamos, todos tenemos la opción de manifestar nuestras ideas y compartirlas para bien o para mal. Tantas ideas como personas, tantas formas de ver el mundo. Por eso, creo, es tan caóticamente divertido; por eso también no me gusta. Y como los que hacen que la cosa me resulte fea tienen los medios para impactar en otros y hacerme rabiar en el proceso, supongo que yo también he decidido hacer mi intento retomando este blog. Cosa que espero pueda afectar en (casi) unos cuantos de nosotros para modificar nuestra realidad.
Es un buen año para modificar nuestra realidad. Lo que no nos guste de ella, lo que no nos guste de nosotros, de los otros, de aquí y de allá. Se llama AMORFISTA porque le gusta quitarle la forma a las cosas; las cosas que vienen con una forma que no es necesariamente suya sino que así nos la presentaron, así la van vendiendo. Pero de las pocas cosas en las que sigo creyendo es en que si cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma.
Aquí, este año nuevo, reestreno mi blog. Ahora se tratará de una presentación, estilo columna, de textos que expresen la forma como veo las cosas, por si podemos lograr que más gente se interese en cambiar sus puntos de vista. No a los míos, no se trata de convencer a nadie de que mi manera de ver el mundo es La Neta. Convencerlos de que encuentren un enfoque diferente sobre las cosas que aquí escribo. Esa es la nueva onda de este blog, esa también la invitación.
Publicando cosas de interés global muy en mi pedo todos los Lunes y Miércoles a partir de hoy. Bienvenidos.
domingo, 31 de octubre de 2010
7. Falsa Paradoja del Machismo Feminista
(De 13 divertidísimas incongruencias sociales, ver etiqueta...)
La figura de la mujer en la sociedad ha cambiado mucho, pero es cierto que su movimiento se ha visto siempre como un movimiento subordinado o inferior al del hombre como género. “Como si la mitad femenina del mundo fuera una minoría”, escribió una vez Galeano (me parece) y escribió acertadamente. La discriminación a la mujer es un fenómeno bien difícil de estudiar y de seguir; de opinar y sostener. Si ha de hacerse bien, tendría que ser desde la mujer misma pero pasa algo: el discurso se feminiza y sale más caro el caldo que las albóndigas. Explico.
Siglos y siglos de machismo y discriminación sexual desembocan en el movimiento feminista cuyo discurso, al tiempo, va perdiendo vigencia. La búsqueda de un respeto individual de la mujer como ser humano independientemente de su sexualidad suponía la supresión del machismo como mecanismo idiosincrático dominante: equidad de género. Igualdad de condiciones sociales. Iguales oportunidades basadas en la capacidad de la persona como persona y no en si tiene senos o testículos. Pero el discurso se hizo moda y entonces no se trató de encontrar un “mujer=hombre” en términos sociales, sino un “mujer>hombre”. Discurso estúpido en un sistema todavía (triste: todavía) falocéntrico, por usar una palabra rimbombante tras no querer ser yo quien diga “regido por hombres”.
La moda del discurso feminista comienza por hacerse patente en las mismas ideas de emancipación sexual, pero digeridas en un “soy mujer y no necesito hombres” “soy mujer, autosuficiente y siempre subestimada” “soy mujer y soy un ser superior”… Llegando a lo que personalmente defino como ‘generación Bitch’. Una generación de jóvenes y adolescentes que se jactan de ser perras: de ser mujeres que dominan, manipulan, triunfan por encima de toda opinión sobre ellas, para bien o para mal. En mis tiempos ser una perra era ser una puta. De pronto ser una perra es la onda. ¿Que los hombres pueden andarse tirando a 10 viejas si quieren? ¡Pues las mujeres podemos con 15 pendejos! Al final y para no hacerme el cuento largo, el discurso feminista se deformó hasta perder vigencia por la obvia razón de que fue dejando de apelar a una esencia de equidad sexual y se convirtió en una guerra de juguete. Una competencia innecesaria.
De forma que el fenómeno social de la posición femenina en el sistema social ha vuelto al discurso de equidad sexual por orden natural, dejando solo una estela de feministas confundidas, discursillos gastados y grandes corporaciones haciéndose ricas por la guerra inexistente. Porque los productos que manejen un enfoque de ser parte de la diferencia que te hace a ti, mujer, un ser superior, venden. Y venden bastante bien.
De pronto nos encontramos con las mujeres de esta era: mujeres que ya pueden pensar en hacer una carrera y desenvolverse como parte activa de la sociedad sin tener como prioridad casarse y tener bebés. Mujeres que no solo pueden aspirar a ocupar una parte importante en la dinámica social, sino que de hecho lo hacen por derecho propio y orden natural. Mujeres con voz y voto. Pero siguen, me temo, discriminadas; y el machismo no termina de dejar de operar por muy poco que funcione. Mi postura aquí tiene que ver con el título del presente ensayo.
Lo incongruente del asunto es la paradoja de un machismo feminista donde las mujeres, al ser históricamente discriminadas en la sociedad, exigen equidad y pelean por derechos que las coloquen en el mismo nivel que los hombres. Y ante esto comienzan a darse “grandes pasos” en la búsqueda de equidad sexual: dependencias de gobierno en pro de los derechos de la mujer, asociaciones civiles para mujeres discriminadas, comercios específicos para la mujer, mercados específicos para la mujer, taxis rosas… ¿se alcanza a notar la incongruencia? En mi afán de demostrarte que apoyo la equidad sexual y estoy de tu lado, segregamos tu género en especificidades que te marcan como diferente PERO te dignifican. Tamaña basura. Asociaciones que ayudan a la mujer que es madre trabajadora, hija de familia responsable de sus hermanos o padres. No una dependencia que apoye a una mujer que estudie la Universidad o pretenda hacer algo más que no sea reproducir el modelo de Mujer para lo que las especificidades han sido creadas… No una dependencia que apoye a un individuo tal, cuyo criterio de selección no tenga que ver con genitales.
Fuera de las diferencias biológicas, hablando socialmente, yo creo que las personas por ser personas deben valer. Vomito todo discurso que se justifique en marcar diferencias “porque los hombres (X) mientras las mujeres (Y)” como generalidad. Y mientras no se vomite socialmente la segregación social –tremenda etiqueta- lo único que se está logrando es mantener el discurso de que hace falta un cambio sin procurar siquiera intentar cambiar el enfoque. Es muy simple: no podemos tratarnos como iguales mientras insistamos en repetirnos que somos tan diferentes. Es el feminismo una chaqueta mental fundamentada en un absurdo dominante (el machismo). Lo escribe un hombre que no cree en ninguna de las dos y así sea. Cualquiera de las dos valida a la otra; hace falta parar ya de tanta mierda.
martes, 14 de septiembre de 2010
¡(Sobre)Viva México!
jueves, 26 de agosto de 2010
8. De Piratas, Mojados y Gobiernos Fracasados
Por contravenir a convencionalismos sociales, las acciones ilegales se asumen como peligrosas (crímenes) y son perseguidas por el orden público para mantenerse a sí mismo. Cosa sana, si nos ponemos a pensar. Imaginemos lo frustrante que debe ser saber que la persecución de los malos del cuento, al sistema, le sirve tan solo en tanto tal: en la persecución y nunca en la reducción o el control del fenómeno. Como si las cosas malas fueran malas nada más para que la gente tenga sobre qué diseñar sus estructuras morales, tenga de qué hablar, tenga algo que querer solucionar. Y de solucionarlo, se acaba el juego y la cosa se pone seria. Nos ponen, pues, a jugar. Porque al Sistema no le gustan las cosas “serias”.
Viene a cuento, por ejemplo, la famosa piratería: distribución ilegal de productos (en este caso películas y álbumes musicales) por personas dedicadas a copiar masivamente y distribuir artículos por encima de los derechos de autor y permisos de distribución. Los dan, por supuesto, mucho más baratos que los originales y cada vez con una calidad más cercana a ellos. ¿Es mala? Digamos que sí: digamos que es un crimen que atenta contra la industria del espectáculo y bla, bla, bla.
Gobierno entonces se encarga de hacerle saber a la ciudadanía que la piratería es un crimen que se castiga con muchos pesos de multa e incluso alcanza prisión. La piratería es un delito entonces, está mal comprar películas piratas porque (aludiendo a la más barata y ridícula propaganda cursi y mocha) “las películas piratas se ven mal, pero tú como papá te ves mucho peor”. Chale, al menos pudieron hacer una campaña manipuladora menos pedante que el involucre de la imagen paterna… ¡pero funciona! ¿Funciona?
Siempre he defendido la idea de que en la educación de la sociedad está el cambio. Si se quiere acabar con el narcotráfico, conviene iniciar con educar a los compradores potenciales en vez de cazar a los distribuidores minoristas o mayoristas. Aunque el narcotráfico es tema de otro ensayo, úsese para ampliar la perspectiva del tema: en vez de tratar de controlar la adquisición de drogas, se quiere castigar su distribución. Matanzas, decapitados, ajustes de cuentas, miles de curiosidades que le dan en la madre a la inocente sociedad civil de por medio. No ha funcionado. Con la piratería se intenta lo contrario: el que está mal, el delincuente, eres tú: comprador de piratería, consumidor irresponsable. Controlemos el flujo de piratería educando a los compradores. Ok, cierto es que conviene modificar los mensajes con los que pretenden abarcar el problema, porque “tenemos un papá pirata” o el anuncio del cuate al que no le reciben su currículum por tener una peli pirata… bueno, no convencen del todo. Al menos no a su servidor y a otros con más dedos de frente.
¡La cuestión es que hay puestos de piratería en las calles! Personas del comercio informal que pagan sus impuestos y las rentas de un local que se dedica a exhibir y vender piratería. Y aunque el gobierno nunca cesa en su discurso de decir que la piratería es un crimen y que daña la sana estructura de una sociedad civilizada, pues tampoco parece poner mucho de su parte a la supresión del libre ejercicio de la ilegalidad en público. Gobierno incoherente para sociedad incoherente.
Multiplicado por miles, la inmigración es un fenómeno semejante. Abandonar tu país y entrar sin permiso en otro es traición a la patria. Estrictamente hablando, un indocumentado (¡ojo con el término!) perdería sus derechos de ciudadanía en el país que abandona y violaría la soberanía del país al que se cuela. Por eso se les dice “ilegales”. Y es –era, debía ser- un delito. El control de la inmigración es un fenómeno raro. Gobierno dejó de perseguir al delincuente, lo llamó paisano, y vela día y noche en las agendas del Ejecutivo por controlar dignamente el fenómeno de la inmigración. Que los dejen pasar sin hacerles daño, paisanos, que no se las armen tanto de tos. No sea así con un cabrón guatemalteco tratando de pasar a México, porque Migración acude a sacar a esos delincuentes parasitarios del suelo nacional a toda costa. En el sur está mal visto, de aquí pa’l norte está bien…
¿Por qué? Pues porque esos delincuentes mojados mandan dinero a México. Porque el comercio informal, aunque sea ilegal en ocasiones, hace que el dinero fluya sin consumir recursos de producción. Porque al gobierno le conviene. Entonces lo incoherente es seguir insistiendo en el discursito de la peligrosa ilegalidad donde, si uno se sienta a escribir en torno a tal, el gobierno solo termina apareciendo como incompetente en el control y fracasado en el intento. Frustrante ir jugando a tener crímenes que se yerguen como males necesarios, que se representan como “Guatemala” ante “Guatepeor”. ¿Pero qué hacerle? ¿Sigue estando mal, o el que está mal es uno? Las cosas que hay que ver…
jueves, 5 de agosto de 2010
Hacia una filosofía del desapego II
Aunque en su contexto original la cita (de un artículo que publicó en Algarabía de Julio 2010) versaba sobre el ambientalismo y tal, la idea me resultó encantadora para la filosofía del desapego que tanto me atrae. Y es verdad: de las millones de formas de vida conocida que existen y han existido en este planeta, pareciera que el ser humano es el único que insiste en creerse con el derecho (a ratos hasta con la obligación) de ser para siempre.
Porque sigue siendo una cuestión antropocéntrica brutal, en tanto se insiste en no escribir sobre el “fin de nuestra especie” sino sobre el “fin del mundo”. El día que el ser humano se extinga, deberá ser porque el mundo entero – el universo entero – así lo haga. Nos resulta inconcebible que la vida pueda seguir sin nosotros y aún más: hemos tenido que inventar la vida eterna, algo más allá del episodio terrenal en que vivimos, ante nuestra insistente necedad de perdurar pese a todo.
No es tan difícil trasladar el asunto de lo general a lo particular, ya no como especie sino como individuos interactuando sobre una concepción determinada de la vida. Conceptos que se me ocurren: conservación de la especie, instinto de supervivencia, apego a la vida. Del último me ocupo en esta ocasión.
No es sencillo desapegarse de La Vida. Como en el escrito anterior sobre el tema ya lo había puesto en claro, desapegarse no significa desprenderse o sentir indiferencia hacia algo, sino entender que es un algo finito y que se acaba y punto. Disfrutar, dejarse afectar por lo que en el proceso de estar a desaparecer pueda pasar, podría ser el fin último de una filosofía del desapego.
Esa gente con quien se genera una relación de estima, empatía o emociones varias; con quien se tiene un vínculo significativo como los amigos, los hermanos, los esposos, hijos, padres, hasta los profesores o conocidos que de alguna manera significan algo para un individuo. Desapegarse a ello, entender que son finitos y se acaban –acabarán- y punto. Sigue sin ser fácil, pero es más comprensible que entrar directamente a tratar con la vida propia. La muerte llega y termina la vida; la Vida sigue. “Los que nos quedamos” lloraremos al difunto, velaremos por él, le pondremos monedas en los ojos, lo quemaremos en un bote en el río, o lo que la tradición dicte. Lo extrañaremos. Pero es importante hacer tangible un desapego porque quedarse en el rito fúnebre, o en las emociones propias de un rito fúnebre, no ayuda a nada sino a hacer que ‘los que nos quedamos’ nos quedemos muertos en vida.
Y sin llegar a la muerte, porque si yo estoy escribiendo esto y usted lo está leyendo entonces ninguno de los dos la conoce realmente, el apego a las personas es análogo en toda relación. Perder a un amigo por circunstancias determinadas, terminar con una pareja, un matrimonio, despedir en el aeropuerto al amigo de la infancia… sigue costando trabajo dejarlo ir. Lo usual para la filosofía de este Sistema es apegarse, aferrarse, padecerlo. El miedo a la Soledad es la fobia con más patrocinadores en el mercado, la idea de que somos seres incompletos y NECESITAMOS a otro para completarnos (base de la concepción del Amor que sigue rigiendo al mundo) no te prepara para desapegarte de las cosas materiales, de la materialidad de esas cosas que nos hacemos llamar personas.
Es un miedo infundado. Basta con apreciar a la Vida por sí misma; basta con dejar que la relación con las personas afecte como debe afectar, lo que deba afectar, sabiendo que terminará y, cuando termine, no pasa nada. No quedarse llorando la muerte de Fulanita en luto de por vida, ni dejar de creer en el amor o maldecir a los hombres porque la relación falló; ni tomarse en serio lo de “el amor de mi vida” con cada nueva relación. Vivir es más que suficiente. Entender esto es una cosa; practicarlo, otra. Lamentablemente no hay otra manera más pura de entender el desapego que entenderlo desde aquí.
Paremos pues de sufrir. Vivamos tantito sin tanto desmadre. La ventaja es que aquí sí es inevitable: con las cosas materiales, inanimadas, el desapego se siente mucho más voluntario. Pero con las cosas vivas, la Vida funciona y punto. Aunque no quieras desapegarte tendrás que terminar haciéndolo (“estaba en Dios” o “solo Dios sabe por qué hace las cosas” es el reconocimiento de esta realidad que se escucha en un funeral, por ejemplo) porque aquí la Vida te lo quita y sólo dependerá de ti qué tan pronto puedes asimilarlo como lo natural que es el juego. Ella se desapega de ti, tú nomás puedes ver cómo te lo tomas. La opción A es leer lo escrito y pensar “loco pesimista”. La opción B la sobreentiendes, si te pones a pensar.
miércoles, 28 de julio de 2010
9. La Universidad es para los Caballos
Pero hay ideas que por convencionalismo social se arraigan en las sociedades como su esencia; y cuando uno manifiesta opiniones adversas al respecto, se sabe (porque se sabe) que puede estar metiéndose en líos. No es lo mismo, digamos, hacer una crítica contra los inútiles programas de “bacheo” que el gobierno realiza inflando presupuestos al borde de lo asqueroso, que realizar una crítica de la igualmente ridícula estructura familiar de la sociedad mexicana. Al hablar de la Familia, la respiración se contiene un instante. El instante en que sabes que estás tocando cosas a las que tienes derecho de tocar, pero que no deberías. Autocensura social tácita; que aunque sea un tema harto interesante, no es de lo que este ensayo trata. Sírvase tan solo de introducción.
La educación en nuestro país es otro de esos temas de cuidado. Me explico: no es un secreto para nadie que la mayoría (por no decir todas) de las problemáticas sociales –corrupción, contaminación, vialidad, delincuencia y etcétera – devienen de un problema de la educación, su regulación e implementación por el propio Sistema. Hablar de las reformas que el sistema educativo debería tener para representar un impacto positivo en el devenir social es un tema recurrente y hasta cierto punto sencillo. Basándose en la premisa de que la educación es siempre necesaria. Contradecir esta última idea es meter la lengua al fuego; o la letra como es mi caso.
Uno debe estudiar el kinder, la primaria, secundaria y preparatoria (o bachillerato) para considerarse que tiene los estudios básicos. Mínimo necesario. Y nos brincamos el gran párrafo que hablaría de los pormenores que hacen de esta educación básica una mala inversión desde su programación y operación, para pasar a la educación “superior”: el meollo de esta indagación.
Después de la preparatoria se sigue la Universidad. La carrera para obtener un título de licenciado, ingeniero, arquitecto o tal. El primer problema es que en este país la noción es que INMEDIATAMENTE después de la preparatoria se DEBE acceder a la Universidad. Más letras al fuego: en un país donde la estructura familiar parece estar diseñada para criar parásitos y no entes productivos, el nicho familiar se transforma (en un buen número de casos) en un microcosmos insuficiente para ofrecer al individuo una perspectiva real de su orientación vocacional. Un gran número de estudiantes de bachillerato llegan a tercer año con la obligación de elegir una carrera aunque no tengan en claro su vocación porque (puede ser): a) no tienen en claro al mundo ni su función en el mundo fuera de las paredes hogareñas y lo que éstas le han dicho al respecto; o b) presión de los padres, herederos de la carrera de sus padres, y a su vez y a su vez… y basan su estudio vocacional en sus gustos y talentos, sus aficiones y demás, sin contemplar el espectro social en que opera cada carrera; y en fecha límite ingresan a la Universidad. Segundo problema –luego entonces-: altísimos índices de deserción escolar.
¿Qué tal un modelo europeo, en donde el estudiante al terminar su educación básica se toma un año sabático para viajar o conocer el mundo, y su ingreso a la Universidad se da cuando de verdad el individuo está conciente de su vocación y su función social?
Eso en tanto al momento de entrar a la Universidad. El momento de salir, amigo lector, es donde aparece la parte inusual del conflicto. Se sigue pensando que un título universitario representa una ventaja competitiva en la búsqueda de empleo. Y actualmente (a los hechos me remito) eso es una falacia. ¿Por qué? Porque en este país CUALQUIERA PUEDE SER LICENCIADO. Con 4 años de media chinga, suficiente dinero para pagar una escuela y un poquito de suerte, todos pueden ser titulados. Las escuelas son más un negocio que un organismo social, y un título no significa nada a nivel competencia laboral. Tiene trabajo y opciones el que tiene experiencia, el que inició a chingarle en la vida real desde segundo semestre y no el que tiene un título con mención a las buenas notas. El ritmo de la vida es así: los trabajos freelance y la administración del tiempo libre están resultando una mejor fórmula para producir que el modelo de empresa-empleado, tan infame ya. (Y pese a lo que digan Pepe y Toño...)
Conviene saber hacer las cosas, no saber las cosas que se hacen. Conozco en mi círculo social a personas que trabajan estable, ganan fijo y ganan bien (o ganan mejor), y muchos a penas tienen la prepa. Uno de esos amigos sentenció un día el título de este ensayo. Nunca me explicó por qué; tal vez ni siquiera él sabría por qué, pero me puso a pensar. Y a escribir. Y a pensar un poco más, sin contener el aliento.
domingo, 4 de julio de 2010
10. Que le llaman Autoestima
Porque es innegable que la “sociedad de consumo” ha definido el ritmo de la vida y la gente. Es un sistema que infiere en la cultura de las personas, en su arte, su ciencia, su religión… y nadie puede hacer nada para solucionarlo porque, de hecho, no hay nada que solucionar. Es el ritmo natural de la dialéctica histórica. Baste con observar y apuntar anotaciones cotorras de los fenómenos que produce para saber sortearlos de la mejor manera. Y basta ya de introducción, pasemos a lo que sigue.
Hace apenas algunos siglos, la adolescencia no existía. Los seres humanos pasaban de la niñez al estado adulto inmediatamente, sin tener que sufrir la etapa de trastornos de la personalidad que actualmente tanto cuidamos: los reyes eran reyes desde los 12 o 14 años (recuerdo: no soy historiador ni psicólogo, nada más escribo para llegar a un punto; así que evitemos los purismos y las reclamaciones innecesarias) y las mujeres se casaban también de esa edad aproximada. El promedio de vida podía ser de 30 o 35 años. De modo que la adolescencia se inventó en fechas relativamente recientes, podría ser desde el XIX, habrá que documentarse…
El punto es el mismo: las sociedades se mueven y crean la adolescencia con todos sus atributos y pormenores. Hay gente en comunidades rurales (todavía) en que una niña de 14 años es perfectamente capaz de realizar labores domésticas, cuidar a su familia, su hogar, su tierra. Incluso, son perfectamente capaces de soportar condiciones climáticas inestables, o parir y criar a sus hijos. Y son felices… hasta que se les pone en comparación. Porque hay sociedades urbanas (muchas todavía) en donde una niña de 14 años es un ente indefenso ante las adversidades del mundo que necesita trato especial: toallas sanitarias especiales, jabón para los barritos, ropa de cierto color para el verano o para el invierno, shampoo teen, tenis teen, cine teen, fiestas teen, celular teen… porque las adolescentes aquí están en una etapa de su vida en que no están preparadas para vivir. Hay que hacerles un mundo teen.
No uso a “las” adolescentes con exclusividad. El fenómeno es el mismo para “los” adolescentes, y de hecho a lo que el punto desemboca es igual para adolescentes, niños o adultos. ¿En qué punto la niña rural de mi ejemplo no puede ser feliz? En la comparación, claro, con la niña urbana del mismo ejemplo. La que vive en TeenWorld es más feliz porque la sociedad de consumo se lo ha permitido. Y para ello, se inventó una palabreja que funciona como axioma en la vida moderna: le dicen “autoestima”.
Puede que una niña de 14 años en el pueblo pueda sonreír a pesar de tener que trabajar el campo cargando a su bebé y checando la comida para cuando llegue su marido. Pero no es feliz ¡oh no!, no puede ser feliz porque tiene 14 años, y a esa edad uno no debería ser mamá ni esposa ni trabajadora del campo. Cuando le expliquen, seguramente se dará cuenta de lo terrible que es su existencia y sentirá la necesidad de cambiar su estilo de vida para mejorar su autoestima.
¡Y esa es la trampa por fin! La sociedad de consumo se vale de la noción de ‘cuidar el autoestima’ para perpetuar su existencia. Para que puedas cuidar tu autoestima, primero debes sentir tu autoestima dañado. Y lo dañan porque es necesario que lo arregles. Así, un bombardeo de ideas y productos se mueven entre nosotros para recordarnos que debemos ser felices y sentirnos bien con nosotros mismos, PERO no podemos ser felices ni sernos suficientes. Se trata de buscar la manera de intentarlo, pero está prohibido lograrlo. Porque de lograrlo, ya no necesitaríamos comprar el deportivo que nos hará sentirnos mejor que el carrito que a penas tenemos, ni será necesaria la cajita feliz de McDonals, ni habrá por qué bajar esos 10 kilos que te faltan para ser la Barbie que siempre te han dicho que has querido ser. Tu novio o novia están bien, funcionan. Pero para que sea Amor, lo que se dice Amor, debe ser como Edward Cullen o Princesa Disney. Si no es perfecto como los modelos enésimamente repetidos por el sistema, entonces cuidado: estás incompleto, tu autoestima corre el riesgo de ser pisoteado.
Y si no, si tu autoestima está bien incluso al margen de los preceptos del consumo y sus maravillosos inventos, entonces se debe a que tienes algún desorden mental, una anormalidad social; o de plano es porque eres conformista: uno de los peores demonios que persigue esta sociedad emprendedora. Juegan con tu desarrollo vital de la misma manera en que se juega, por ejemplo, con la noción de “calentamiento global” (la nueva primicia en la onda de la manutención de la sociedad de consumo). ¿O no es incongruente que se les den premios sociales a las empresas grandes que apoyan las campañas de reciclado y cuidado al medio ambiente? Las mismas que se encargan de llenar de botellas la ciudad. Un montón de basura que, por ser reciclable, se gana los aplausos de sus consumidores, todos ellos a la vanguardia en el cuidado ambiental…
Yo creo en la aceptación de la Vida y de uno mismo y de todos los demás. Por mucho que insistan, no creo en lo que llaman “autoestima”. Ya es cosa de cada quien.
jueves, 17 de junio de 2010
Ser adolescente
domingo, 13 de junio de 2010
11. Fábula del Peatón Agradecido
No es fácil para ninguno de los dos “especímenes” el movimiento constante y fluido en la orbe. Conducir un auto, de repente, saca lo peor de uno mismo: el tráfico intenso, los semáforos caprichosos, los oficiales de tránsito que fastidian más de lo que ayudan, las manifestaciones, los embotellamientos, el estúpido de enfrente que no arranca lo suficientemente rápido cuando le dan el verde y se hace acreedor a una serie de silbidos de claxon; los camioneros haciendo abuso de poder, las estacionadas en doble fila, los que dan vuelta desde el carril incorrecto, los limpiaparabrisas necios, los baches, los mecánicos rateros, los rateros en general, los autos más rápidos que te retan a arrancones y ponen a prueba la virilidad propia, y todo lo demás. Todo se vuelve estrés y más estrés para los conductores, y las calles se saturan de mal humor y cláxones desenfrenados.
Y los peatones: pues lo mismo, pero desde abajo. Y además de lidiar con todo ello, también lidiamos con el conductor estresado multiplicado por millones.
Vamos a ser muy claros: tener un auto no te hace ni mejor ni peor ciudadano. Es decir que peatones y choferes tenemos el mismo derecho de emplear el espacio público en igualdad de condiciones. Sin embargo, para quien va sentado tras el volante, le parece evidente que tiene más derechos o (de hecho) más poder sobre los otros tantos que no lo tienen. Incluso a veces sobre los que tienen otro auto menos potente, grande, bonito o caro. La realidad es que el estrés y el caótico día a día de las calles de la ciudad se origina en la falta de educación vial. Los automovilistas no parecen estar dispuestos a respetar una regla intuitiva de civilidad básica, fundamentada en el respeto (mínimo necesario) y el sentido común. Pero eso es algo ya decidido, algo que todos sabemos (lo que me causa risa, ya entrado en materia, es darme cuenta que todos nos damos cuenta de ello y la acción más recurrente es simplemente decirnos “chin, sí está del asco” y seguir padeciendo diario). La parte que encaja en esta serie de Incongruencias viene precisamente de lo mismo pero desde el otro lado: la falta de educación vial de los peatones.
El vehículo es el peligroso. Si uno pasa tranquilamente por la calle y un conductor irresponsable decide acelerar para ganar un amarillo tardío, el riesgo de daño entre tu cuerpo y su defensa (inclusive que su posterior proceso legal) no es equiparable. Sale perdiendo el peatón. Pero hay una opción: cruzar por el paso de cebra. Para aquellos peatones que acostumbran ahorrar tiempo cruzando la calle por donde se deje, el famoso “paso de cebra” es como se le conoce a ese espacio en las esquinas de las calles que están pintados con diagonales y nada discretas líneas amarillas o blancas, y que tienen por finalidad establecer un espacio por donde el peatón debe cruzar tranquilamente sin riesgo de ser atropellado por un conductor distraído.
Ahora bien: si los automovilistas respetaran el paso de cebra, la cosa tendría sentido. Pero la fábula del peatón agradecido es un fenómeno más bien general. Un tipo pasa por el paso de peatones, y un auto se detiene justo detrás de la línea. El peatón pasa frente al vehículo y, con una característica mueca con la mano (palma arriba, casi de frente a la cabeza, inclinada levemente hacia arriba al tiempo que la cabeza se agacha sencillamente) agradece al automóvil su cortesía. ¿Por qué agradecer al conductor algo que debería hacerse por un mínimo sentido de civilidad? Valdría la pena agradecer a un vehículo que se frena a punto de volverte mermelada por cruzar una avenida desde el centro, toreando al destino como suele hacerse de este lado del mundo (del otro no sé). Pero agradecer a un vehículo que de por sí tendría que respetar el paso peatonal – PEATONAL, de peatón, el que no tiene auto – habla de que la educación vial no solo no es acatada por los automovilistas, sino que además es nulamente exigida por los peatones. Y eso es lo peor del asunto.
Pareciera que el peatón agradecido es un ente que se mueve por la ciudad gracias a que los vehículos y sus conductores se lo permiten. Cruzas la calle por que te dan permiso, viajas en la ruta X porque el chofer te está haciendo un favor, no te han atropellado porque tienes mucha suerte, o porque te han tocado conductores benévolos. Pero no es así. No es así. La educación vial también es cuestión de los de abajo. Si el chofer del microbús va manejando cual cafre, debemos entender que no nos podemos quedar callados y decir “ni modo”, porque no nos está haciendo un favor. El transporte público es un servicio que pagamos por usar, y tenemos el derecho de exigir que se de un servicio adecuado. No agradecer a quien te da el paso en el cruce peatonal, antes exigir que el que rebase la línea no invada el espacio destinado al peatón. Eso es educación vial, y no se va a reflejar hasta que los que estamos en desventaja empecemos a exigir que se refleje.
No soy idiota: sé que no es fácil reeducar a todo el sistema vial. Solo sugiero que, como peatones, aprendamos a respetar la vialidad y – después – exigir que seamos respetados en la misma medida. Nada de ser agradecidos con los otros, nada de decir “chin, sí está del asco”. Se trata, como se dijo al principio, de ir igualando condiciones.
domingo, 6 de junio de 2010
12. Todos Somos Michael Jackson
De la mano del cáncer viene el tío Mainstream Media: ese tentáculo horripilante que hace, dice y calla los contenidos a los que nosotros, ciudadanos medianamente responsables y tal, tenemos o no acceso. Una enorme jeringa de “ablandapendejos” que provoca la amnesia histórica de a poquito, y que además no se cansa de hacerlo; y que además puede presumirlo. Y por incongruente que parezca o sea, a pesar de saberlo, lo toleramos. Y a pesar de tener que tolerarlo ¡pareciera que lo pedimos a gritos!
Y para no atorarnos bocados demasiado grandes, desmenucemos platillos pequeñitos para ver de qué manera funciona: funciona lo que vende, se vende lo que la gente compra y lo que no compra porque no funciona, se vende de todos modos. Todo es cosa de impactar a suficiente gente con suficientes repeticiones de mensajes determinados durante suficiente tiempo y ¡Voilá! De pronto todos somos Michael Jackson.
¿Michael Quién? Jackson, ese Peter Pan negrito que a costa de irse al diablo se quiso volver blanco; y que además bailaba que daba gusto y hacía espectáculos monumentales. Un tipazo, Michael Jackson. Pero de pronto, como suele suceder, la farándula se hace más grande (y más pálida) que el artista y ¿cómo decirlo?... Pues todo por servir se acaba. La era de Jackson pasó, la música y el mundo decidieron seguir girando y al buen Michael no le quedó más que seguir existiendo en los tabloides a partir de los esporádicos escándalos que pudieran ocurrir de vez en vez (a ratos por la Vida misma, y a ratos por el excelente equipo de publicistas que este tipo de artistas llegan a conseguir). Y se vuelve uno carroña, verdad de Dios.
Se pronunció la palabra “pederasta”. Y cual buitres, los tentáculos del Mainstream devoraron hasta hartarse. Y se provocaron el vómito y siguieron tragando hasta hartarse de nuevo. Todos los medios especularon, se hicieron entrevistas, reportajes: Michael Jackson era la peor escoria que el espectáculo podía heredar a la inocente sociedad civil. Y Jackson se volvió otro emblema más del diablo. (Cuando se quiso redimir, tuvo a bien enseñar a su bebé a la prensa… desde un balcón. Y va de nuevo…)
Punto y seguido. De entonces a hace escaso tiempo, lo que quedaba de Michael era la buena música que dejó y el estigma del desnarigado pederasta en parodias televisivas y cinematográficas. Años y años de ser parodia y tabú. Y de pronto, por su propio bien ¡se muere! Y los medios, los mismos (los mismos pero los mismitos) que años antes habían devorado las entrañas del escándalo, ahora lo elevaban al nirvana. “¿Pederasta? ¡¿Cómo creen?! ¡Si era un santo! Sí le gustaban los niños, pero no en el mal sentido…”
Y de pronto, meses enteros no se puede hablar de otra cosa que del sensible fallecimiento de este héroe moderno: reportajes, entrevistas, especiales… incluso (¡hay que ver!) una película romperecords en los cines del mundo entero. Jackson volvió a ser lo que era, pero inmaculado y exonerado de toda mancha original por los mismos que, años antes, no cesaban de ensuciarlo. Sus videos en Youtube alcanzan más de 4 millones de visitas en tan solo 3 días desde su muerte. Los niños de México, que tal vez nunca habían sabido nada de él por las distancias generacionales, de pronto están cantando Beat It y coleccionando los 4 álbumes conmemorativos (álbumes de estampitas, no nada más producciones discográficas) a la muerte del “rey”.
¿Y qué tiene que ver Jackson con México? ¿Por qué nuestros jovencitos lamentan con tanto fervor y devoción a un fulano que no pasa de ser un talentoso artista (eso es indiscutible), aunque no tenga nada que ver con su contexto? Todos somos Michael Jackson. Y no es un atentado contra “el rey”, sino contra los jóvenes que hacen parte de los medios. No contra los medios, sino contra quienes los validan. Porque funciona. ¿Por qué funciona?
Gloria Trevi está trabajando en Televisa, la empresa que no se cansaba de despedazarla en el clan Trevi-Andrade. Sus revistas de chismes y sus programas le dedicaron joyitas de mierda cuando era necesario sobajarla; y lo hicieron hasta los límites del absurdo. Por ahí se decía que tenía vínculos narcosatánicos (¡madre de Dios!) y enterraba fetos y hacía abortar a sus inocentes jovencitas victimadas en honor a la fama. Y de eso ya no nos acordamos (muchos jovencillos ni siquiera se enteraron) porque ahora los mismos medios la ponen en el radio y los otrora detractores corean en los antros las melodías de Santa Gloria Trevi. Paco Stanley y su patiño, Colosio, Britney Spears, Mario Marín, personajes varios... ¿por dónde habría de seguirle?
La memoria de este país es como de plastilina, así de moldeable. Actualmente, todos somos Javier Aguirre (algunos son Moreno Valle o López Zavala) y vamos tratando de ser un México orgulloso de su bicentenario bajo el eco imperturbable de un himno nacional que a mí me sigue sonando a Thriller… no sé bien por qué.
domingo, 30 de mayo de 2010
13. Las Nalgas contra el Xbox
(De "13 divertidísimas incongruencias sociales". Ver prólogo en la etiqueta "incongruencias")
Acto segundo: la voz se corre como fuego en línea de pólvora: “¡el profesor dijo “nalgas” en una clase!” -> “¡El profesor dijo que los niños nalguearan a las niñas, y lo hicieron” -> “¡El profesor nalgueó a una niña!”… (oh sí: suena ridículo, pero así fue como sucedieron las cosas, y es verídico)
Tercer acto: una fila de madres de familia, incluso aclarado el meollo del asunto, presentan sufridas quejas con la prestigiosa escuela y su irresponsable profesor de teatro. Les resulta inconcebible que un patán del tamaño de su seguro servidor sea el encargado de educar y formar a sus retoños. ¿Cómo puede un ente tan despreciable estar enfrente de un grupo de niños (que son el futuro del mundo)? ¿Cómo estar tranquilas como madres sabiendo que dejan a sus hijos en manos de un individuo de tan pocos escrúpulos? Es peligroso. El profesor es peligroso: dijo “nalga”, y eso no se hace porque trastorna a los pequeños, los puede traumar, les arruina el dulce y meloso sabor a inocencia de su tierna infancia.
Suficiente sarcasmo. A los hechos de nuevo: sí, dije NALGAS en un salón de 3º. Y sí: no debí haberlo hecho, mucho menos siendo el profesor encargado. No es correcto. Sin embargo, insisto en pensar que la reacción fue exagerada. Y escribo lo que aquí escribo porque lo vi de frente: en verdad las madres de familia se presentaban con preocupación y enfado verdaderos. De verdad creían en la fatalidad del caso de una manera inusitada, de verdad preocupadas y hasta angustiadas, movidas por un infinito amor maternal que nubla la conciencia de las obviedades. Porque es claro que resulta sencillo ver la paja del ojo ajeno, o para que se entienda mejor: es más fácil ver la culpa cuando viene de terceras personas.
Porque lo que este grupo de mamás responsables y preocupadas por la integridad de sus hijos (sano ejercicio) pasan por alto, son cosas que - en mi mismo rol de profesor de su prole - también me ha tocado ver. El hecho, por ejemplo, de que conozcan y practiquen libremente todas las llaves de los luchadores de la WWE, cuyos nombres conocen mejor que los de los estados del país o los de los niños héroes. O esa tristísima anécdota de tantos alumnitos que pasaron sus vacaciones jugando Xbox. Tristísima por dos razones principalmente: porque pasaron sus vacaciones haciendo exactamente lo mismo que hacen cada tarde; y porque la anécdota te la cuentan con una sonrisa gigantesca.
Vamos, no soy del tipo de los que dicen que la televisión y los videojuegos son inventos del miso diablo y lastiman a nuestros niños. Nada más me resulta irónico el hecho: las madres de familia del cuento que estoy contando son capaces de venir encima de mí cual turba enardecida por el tipo de mensajes que hago impactar en las infantes mentes de sus hijos, mientras que en casa el pequeño en cuestión pasa en promedio 3 horas diarias jugando juegos de violencia extrema y contenido explícito. Tal vez ese tipo de juegos no preocupan a mamá porque no dicen la palabra “nalgas” (o la dicen en inglés, y total que a su edad todavía no entienden el inglés) (o mamá no entiende el inglés y no se ha dado cuenta de la palabra prohibida…) pero el niño está siendo impactado por la importante misión de entrar a una casa llena de zombies y descuartizarlos a balazos de escopeta; o encontrar a sus compañeritos en línea en un campo militar y matar a la mayor cantidad de los mismos. O ser un mafioso en San Andreas o Liberty City y robar autos, matar prostitutas, vender droga y lo que sea necesario para ser el rey del barrio y cumplir las misiones.
“Es solo un juego”. Lo sé. Pocos se dan cuenta de lo difícil que resulta, por ejemplo, que los niños construyan una historia de teatro en clase si se les pide que no contenga violencia. La violencia es parte de su cotidiano, adquirida por películas, programas de TV, videojuegos, Internet, guerras contra narcos (y decapitados en las calles incluidos) y un mundo que está ahí y está así de por sí. Mamá debería prestar atención a los mensajes que en su casa se permiten, que bombardean a sus pequeños en su casa, enfrente de ellas. Las cosas que ven y dicen y hacen mientras mamá está chismorreando de importantes cuestiones con la vecina, o mientras se está poniendo de acuerdo con la mamá del amiguito de su hijo para formar un reclamo importante contra el profesor de teatro.
Se llaman Nalgas. Así se les dice, así les decimos. Y no quiero que los niños dejen de jugar lo que juegan y ver lo que ven, no sería yo mismo si sugiriera semejante cosa. Tampoco culpo al Xbox de que haya violadores o “nalgueadores” de 8 años rondando por ahí. Aquí la cuestión es caer en la cuenta que la educación de la gente no se hace toda en la escuela. De hecho, yo diría que en la escuela más corregimos la conducta que los alumnos traen, antes que formarla o imponerla. Y ciertamente es fácil culpar a los docentes de las cosas que no nos gustan. Esto no sería incongruente si no se pasara por alto la responsabilidad que se evade en el cotidiano familiar del alumnejo. Así que por favor, madre de familia: la próxima vez que desee armar un pancho por sentir violada la seguridad emocional de su hijo, piense primero en las cosas a las que éste puede estar siendo expuesto en su propio nido. Y sí: su hijo también dice Nalgas, tal vez más de lo que usted o yo queremos pensar…
13 Divertidísimas Incongruencias Sociales
PROLOGO
"Trece Divertidísimas Incongruencias Sociales" es una recopilación de 14 pequeños escritos sobre absurdos del cotidiano en esta ciudad, tal vez en este país, y tal vez también en este mundo completo. No lo sé porque los he escrito por mero entretenimiento, buscando ofrecer un punto de vista amorfista sobre cosas que van pasando aunque no deberían pasar en un entorno, digamos, más saludable (o más cercano al sentido común).
Se trata de ser un poco ácido, tantito sarcástico, pero puntual en situaciones bien sencillas. Quise quitarme de autores y libros y describir los fenómenos de la manera más cotorra posible. Como lo haría en una conversación cualquiera con cualquier otra persona. Harían falta los comentarios de los lectores para convertir el ejercicio en una conversación verdadera y darle validez al esfuerzo.
De momento, me conformo con que lo lean y sonrían o fruncan el cejo. Somos parte de esta sociedad y sus incongruencias; tal vez más que de sus aciertos. Yo solo escribo lo que pienso para que alguien más piense lo que escribo. Amén.
domingo, 11 de abril de 2010
Cuando yo te digo llego...
No nos puede gustar todo. A mí me molesta, por ejemplo, que los investidos de autoridad la derrochen a madrazos contra el otro; que pierdan siempre los que ignoran que están perdiendo. Me molesta que no me digan la Verdad, que los autos rebacen el paso peatonal, que cuando ya dijiste basta te sigan diciendo "otra copita" y que la gente orine en la calle. Muchas cosas me molestan, pero solo algo me hace enojar: que me dejen esperando.
Mi filosofía y mi forma de vida son amigas de la idea de no generar espectativas. Generar espectativas es un ejercicio intelectual que desgasta, que emite energía en probables. Desde el momento en que alguien espera algo, derrocha energía que no se emplea en construir, sino en "espectar". No es que sea un desperdicio, porque no toda la energía debe ser usada para construir, pero es energía que se fuga del aquí y el ahora para permanecer indefinida en un evento latente. Pero cuando ese evento latente se posterga o no sucede, esa energía -ahora sí- se desperdicia.
Funciona así: fulanito le dice a menganita que llega a su cita (a su consulta, a su partido, a su casa, a su conferencia, a su...) a las X de la tarde. Desde en la mañana, menganita organiza su día y pone en marcha su energía, con la consideración (fuga) de que a las X viene fulanito. Pero a las X, no ha llegado. La conciencia de que llegará le hace poner doble interés en su espera. Y puede estar haciendo cualquier otra cosa, pero la fuga es grande de todos modos, porque esa espectativa se enfatiza. A las X:Y llega fulanito. No hay problema, no pasa nada (en la mayoría de los casos no pasa nada), pero el ejercicio de haber dejado a menganita esperando "Y" tiempo, si yo fuese menganita, resulta impresionantemente desconsiderado y molesto.
Y si no se llega, pero se dice que se va a llegar, peor. Si sucede eso, muy tarde o no se llega (máximo cuando no se avisa), y el tiempo que le dedicas en presencia o en espera a alguien se ve desperdiciado, molesta porque se pudo ocupar en otra cosa u otra persona, y no quedó en uno, sino en aquel a quien se espera.
Si se entiende bien el punto, pasa lo siguiente: si aguien es capaz de jugar con algo tan esencial como mi tiempo, podrá tomarse a la ligera cualquier otra cosa mía, y no merece la pena. Cuando yo te digo llego, llegaré. Y por eso exigo que cuando me digas "llego", llegues. Y cuando me digas hora, la respetes. Y si no puedes hacerlo, me avises. Se le llama cortesía, pero a algunas personas hay que explicárselo con manzanas y ecuaciones. Yo lo dejo por escrito, por las dudas...


