lunes, 14 de marzo de 2011

Presuntos Culpables

(Puede contener Spoilers)

Jessi es amigo de un amigo. Caminaba por el boulevard 5 de mayo a eso de las 6 de la tarde y lo abordan tres policías. "Levante las manos ¿Qué tiene ahí? ¡Es marihuana! Újule". Le da tiempo decir que no traía marihuana, sino que se la plantaron. El policía lo acusa entonces de agredir a la autoridad. "No tiene pruebas" Macanazo a la cabeza. "Ahí está la prueba". En secuencia rápida: golpeado por los dos policías antes de subirlo al vehículo, sombras, esposado de ambas manos en un tubo, macanazos a cabeza y patadas en los genitales por otros 4 policías, sombras; de pronto en un cuarto con escolta de dos agentes encapuchados y rifles, un periódico extendido entre las manos con un octavo de kilo de marihuana (y amenaza previa: "si se te cae tantita, pobre de ti"). Junto a las escoltas, banners del gobierno federal y su lucha antinarcotráfico. Fotos. Un narcotraficante más detenido para que la droga no llegue a sus hijos... Después, 3 días después, liberado de noche. Terapia psicológica, pánico a la policía, resentimiento social.

Jaime, otro amigo de otro amigo, es propenso a realizar fraudes en bienes raíces con descarado cinismo. No importa, es amigo también de un magistrado y tiene un palco en el Cuahutemoc para reificar su amistad. La oficina de los trámites cierra a las 5, pero su amigo el magistrado puede "solicitar" que los papeles de Jaime se entreguen a las 6 si él no ha podido pasar por ellos e independientemente de que el personal ya no esté en hora laboral y tenga que regresar exprofeso o perder su chamba. Lo mismo que puede pasarse un alto en vuelta prohibida y patearle el culo (literalmente le pateó el culo) al agente de tránsito antes siquiera de que éste intentara obtener su correspondiente mordida. Al señor nadie lo toca. Todavía.

Cuenta una historia que el alcalde de una ciudad en la antigua Italia (no recuerdo detalles ahora mismo) estaba tan exasperado por el crimen en su ciudad, que mando destruyeran la cárcel y mataran a todos los presos. Dejó tan solo una celda en pie, donde cabía un hombre y no más. Un solo reo en toda la ciudad. Si alguien más era condenado por el crimen que fuera, mataban al encerrado y lo sustituían por el nuevo acusado. El crimen se resolvió en un mes, sin tanto circo.



Un documental mexicano circula por el país, buena noticia siendo un género tan poco popular en los masivos mercados de las exhibidoras de cine nacional. Un fenómeno mediático medio farnadulero de censura (como en "el crimen del padre amaro") lo catapulta todavía más, por morbo, a espectadores de todo el país. PRESUNTO CULPABLE se vende a gran escala. Por fin un discurso revelador tiene eco en la gente: la documentación del miserable sentido de la justicia en el sistema mexicano. No quiero hablar de lo obvio, sino de lo evidente. Lo obvio es que la impartición de justicia es descabelladamente absurda, injusta y prepotente como sistema en este país. Ver el documental basta para indignarse y bajar tantito la cabeza.

Lo evidente es, después, cómo se puede exhibir la incompetencia de QUIENES hacen justicia. ¿Esos son los jueces, como el que vimos en la película? Que me perdonen, pero su criterio es limitado y superficial. Su manejo de situaciones es paupérrimo, apenas tiene control de su dicción. ¿Esa la representante del MP? Un fallo de culpabilidad a pesar de que el único testigo en contra declara en voz alta no conocer al acusado. ¿Esos nuestros magistrados? 8 horas de discusión ante un video que cualquiera con un mínimo de estudio (o intuición) en lenguaje corporal puede determinar falaz. ¿Esos los judiciales? Gente que no puede ni siquiera recordar (ni queriendo hacerse pendejo) cuestiones fundamentales de su trabajo.

Ese es el panorama preocupante, el darse cuenta no sólo de que el sistema jurídico mexicano es una especie de broma de mal gusto (las estadísticas en el documental espantan) sino que, más allá del sistema, los responsables de hacer valer el orden social son incompetentes, mal preparados (que ni mentir bien pueden), y de completa "Pena ajena".

Estoy seguro que todos tendremos alguna anécdota como las tres que relaté arriba, todos podríamos compilar un documental masivo que le dé eco al que aquí nos ocupa. De las tres anécdotas ninguna debería suceder por mero Sentido Común. La tercera sería una posibilidad, siempre y cuando las cosas que Presunto Culpable pone en evidencia no sucedieran en un orden ideal de justicia. ¿Qué le podemos hacer? Le tengo más miedo a la pendejez que al narcotráfico, sobre todo cuando la pendejez se uniforma y tiene permiso para ejercer.

Una película de terror con final no tan feliz; todavía indeterminado.

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miércoles, 9 de marzo de 2011

De la subida del pasaje

Volvió a suceder. Entre protestas y resignadas el precio del transporte público aumentó en Puebla. Esta vez de 5 a 6 pesos, lo que afectó naturalmente la economía del ciudadano común y provocó la consecuente indignación generalizada; pese a que no fueron los 8 pesos que en una especie de "campaña de prevención" habían anunciado antes. Tal vez en espera de una ironía sugerida por gobernación estilo "Sí, le subimos y todo. ¡Pero ánimo! Nada más fue un pesito porque somos buena onda y no los tres que te íbamos a atorar en un inicio". Buen gobierno.

De ahí a lo que sigue: la protesta ciudadana que obedece al primer impulso y que (aunque su justificación tenía y en ello su validez) parece no querer sentir el sentido común ni aunque la agarren a palos. Los universitarios a protestar hasta el punto del desmadre (rayoneando paredes, haciendo paros estudiantiles, provocando granaderos...) la gente a las marchas pagando sus 6 pesotes para llegar a zócalo y hacer sonar su protesta, y algunos otros más a escribir en blogs y medios al respecto. La parte que más me gustó fue cuando se propuso por redes sociales una "protesta pacífica" que invitaba a la ciudadanía en general a no usar, por un día, el transporte público y caminar, andar en bicicleta, o ponerse de acuerdo con automovilistas para viajar "de aventón" o en grupos al trabajo. Ternura de iniciativa.

Y con todo esto, yo en lo particular me dediqué a ser testigo de la protesta con la que estaba de acuerdo. Tan solo que me pareció más elemental un punto de vista más proactivo. ¿Y si les pago los seis pesos y dejo de pretender que van a escuchar las necesidades de la banda? Vale, les pago. Pero entonces que se comporten civilizadamente en su conducir. ES AHI donde la protesta ciudadana se debe hacer sentir si se espera un cambio.

Manejan a la velocidad que se les da la gana, se cierran, atascan de gente el microbús con sus groseras maneras de EXIGIRTE "pase para atrás", se detienen donde no es parada a platicar a gritos con el chofer de la unidad que se empareje y se frene en doble fila para hacer el chismecito laboral, invaden el paso peatonal, doblan a la derecha desde el carril de alta velocidad... lo que quiera usted, lector, lo que se le ocurra o le haya tocado vivir. ¡Y por tratarnos así nos cobran 5 o 6 pesos!

La protesta es simple: paguemos el servicio pero exigamos un servicio. Somos clientes de los choferes, y mientras no exigamos un respeto digno, un servicio elementalmente respetuoso, una educación vial, cualquier aumento por justificado que esté seguirá siendo igual de estéril.

¡¡Inténtalo!! La próxima vez que un cafre al volante maneje su unidad como si pudiera manejar con igual impertinencia tu propia vida, exígele de la manera más enérgica que te sea posible que maneje bien y que respete la civilidad vial. Sin miedo y con seguridad. Usa el aumento de pasaje a tu favor: que comprenda que estás pagando lo que han pedido y que ahora les toca a ellos respetarte como usuario. Así sí, las protestas se dirigirán a un cambio favorable en el sistema de transporte público.

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lunes, 7 de marzo de 2011

2011: Cambiar las cosas.

Dejé de escribir en este blog. Al principio porque dejó de gustarme lo que escribía y después porque deje de escribir lo que me gustaba.

Pero se trata de cambiar, moverse, mejorar. Tantito porque uno quiere, tantito porque no queda de otra, porque así va el juego, porque hasta el Mundo gira y punto. Así que rescatándome de un ataque depresivo de haber dejado de escribir para sacar la cabeza por la ventana de la vida y darme cuenta de que las cosas afuera me gustan menos que mi blog, llegué a un par de conclusiones:

Primero: que o mi forma de entender al mundo no cuaja para nada con la forma que el mundo tiene de hacerse entender, o de plano la cosa es estúpidamente sencilla y el mundo se está yendo a los perros. O estoy mal yo, o está mal el mundo. Pero en cualquiera de los casos algo hace falta para que se sienta cierta suerte de equilibrio en la vida de un servidor; cosa que parece afectar a (casi) todos los demás, lejos de ser una sensación particular.

Segundo: que tengo el derecho de expresarme mientras pueda. Como todos. Porque mientras podamos, todos tenemos la opción de manifestar nuestras ideas y compartirlas para bien o para mal. Tantas ideas como personas, tantas formas de ver el mundo. Por eso, creo, es tan caóticamente divertido; por eso también no me gusta. Y como los que hacen que la cosa me resulte fea tienen los medios para impactar en otros y hacerme rabiar en el proceso, supongo que yo también he decidido hacer mi intento retomando este blog. Cosa que espero pueda afectar en (casi) unos cuantos de nosotros para modificar nuestra realidad.

Es un buen año para modificar nuestra realidad. Lo que no nos guste de ella, lo que no nos guste de nosotros, de los otros, de aquí y de allá. Se llama AMORFISTA porque le gusta quitarle la forma a las cosas; las cosas que vienen con una forma que no es necesariamente suya sino que así nos la presentaron, así la van vendiendo. Pero de las pocas cosas en las que sigo creyendo es en que si cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma.

Aquí, este año nuevo, reestreno mi blog. Ahora se tratará de una presentación, estilo columna, de textos que expresen la forma como veo las cosas, por si podemos lograr que más gente se interese en cambiar sus puntos de vista. No a los míos, no se trata de convencer a nadie de que mi manera de ver el mundo es La Neta. Convencerlos de que encuentren un enfoque diferente sobre las cosas que aquí escribo. Esa es la nueva onda de este blog, esa también la invitación.

Publicando cosas de interés global muy en mi pedo todos los Lunes y Miércoles a partir de hoy. Bienvenidos.

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domingo, 31 de octubre de 2010

7. Falsa Paradoja del Machismo Feminista

(De 13 divertidísimas incongruencias sociales, ver etiqueta...)

De las ideas redactadas en la compilación que me ocupa, esta es la que más trabajo cuesta escribir. ¿Cómo abordar en dos cuartillas un tema con una complejidad del tamaño de la Historia y tan antigua como tal? Polémica de por medio, mi respuesta es simple: escribir lo que alcance en dos cuartillas y lo demás dejarlo para la discusión atropellada. Sin más.

La figura de la mujer en la sociedad ha cambiado mucho, pero es cierto que su movimiento se ha visto siempre como un movimiento subordinado o inferior al del hombre como género. “Como si la mitad femenina del mundo fuera una minoría”, escribió una vez Galeano (me parece) y escribió acertadamente. La discriminación a la mujer es un fenómeno bien difícil de estudiar y de seguir; de opinar y sostener. Si ha de hacerse bien, tendría que ser desde la mujer misma pero pasa algo: el discurso se feminiza y sale más caro el caldo que las albóndigas. Explico.

Siglos y siglos de machismo y discriminación sexual desembocan en el movimiento feminista cuyo discurso, al tiempo, va perdiendo vigencia. La búsqueda de un respeto individual de la mujer como ser humano independientemente de su sexualidad suponía la supresión del machismo como mecanismo idiosincrático dominante: equidad de género. Igualdad de condiciones sociales. Iguales oportunidades basadas en la capacidad de la persona como persona y no en si tiene senos o testículos. Pero el discurso se hizo moda y entonces no se trató de encontrar un “mujer=hombre” en términos sociales, sino un “mujer>hombre”. Discurso estúpido en un sistema todavía (triste: todavía) falocéntrico, por usar una palabra rimbombante tras no querer ser yo quien diga “regido por hombres”.

La moda del discurso feminista comienza por hacerse patente en las mismas ideas de emancipación sexual, pero digeridas en un “soy mujer y no necesito hombres” “soy mujer, autosuficiente y siempre subestimada” “soy mujer y soy un ser superior”… Llegando a lo que personalmente defino como ‘generación Bitch’. Una generación de jóvenes y adolescentes que se jactan de ser perras: de ser mujeres que dominan, manipulan, triunfan por encima de toda opinión sobre ellas, para bien o para mal. En mis tiempos ser una perra era ser una puta. De pronto ser una perra es la onda. ¿Que los hombres pueden andarse tirando a 10 viejas si quieren? ¡Pues las mujeres podemos con 15 pendejos! Al final y para no hacerme el cuento largo, el discurso feminista se deformó hasta perder vigencia por la obvia razón de que fue dejando de apelar a una esencia de equidad sexual y se convirtió en una guerra de juguete. Una competencia innecesaria.

De forma que el fenómeno social de la posición femenina en el sistema social ha vuelto al discurso de equidad sexual por orden natural, dejando solo una estela de feministas confundidas, discursillos gastados y grandes corporaciones haciéndose ricas por la guerra inexistente. Porque los productos que manejen un enfoque de ser parte de la diferencia que te hace a ti, mujer, un ser superior, venden. Y venden bastante bien.

De pronto nos encontramos con las mujeres de esta era: mujeres que ya pueden pensar en hacer una carrera y desenvolverse como parte activa de la sociedad sin tener como prioridad casarse y tener bebés. Mujeres que no solo pueden aspirar a ocupar una parte importante en la dinámica social, sino que de hecho lo hacen por derecho propio y orden natural. Mujeres con voz y voto. Pero siguen, me temo, discriminadas; y el machismo no termina de dejar de operar por muy poco que funcione. Mi postura aquí tiene que ver con el título del presente ensayo.

Lo incongruente del asunto es la paradoja de un machismo feminista donde las mujeres, al ser históricamente discriminadas en la sociedad, exigen equidad y pelean por derechos que las coloquen en el mismo nivel que los hombres. Y ante esto comienzan a darse “grandes pasos” en la búsqueda de equidad sexual: dependencias de gobierno en pro de los derechos de la mujer, asociaciones civiles para mujeres discriminadas, comercios específicos para la mujer, mercados específicos para la mujer, taxis rosas… ¿se alcanza a notar la incongruencia? En mi afán de demostrarte que apoyo la equidad sexual y estoy de tu lado, segregamos tu género en especificidades que te marcan como diferente PERO te dignifican. Tamaña basura. Asociaciones que ayudan a la mujer que es madre trabajadora, hija de familia responsable de sus hermanos o padres. No una dependencia que apoye a una mujer que estudie la Universidad o pretenda hacer algo más que no sea reproducir el modelo de Mujer para lo que las especificidades han sido creadas… No una dependencia que apoye a un individuo tal, cuyo criterio de selección no tenga que ver con genitales.

Fuera de las diferencias biológicas, hablando socialmente, yo creo que las personas por ser personas deben valer. Vomito todo discurso que se justifique en marcar diferencias “porque los hombres (X) mientras las mujeres (Y)” como generalidad. Y mientras no se vomite socialmente la segregación social –tremenda etiqueta- lo único que se está logrando es mantener el discurso de que hace falta un cambio sin procurar siquiera intentar cambiar el enfoque. Es muy simple: no podemos tratarnos como iguales mientras insistamos en repetirnos que somos tan diferentes. Es el feminismo una chaqueta mental fundamentada en un absurdo dominante (el machismo). Lo escribe un hombre que no cree en ninguna de las dos y así sea. Cualquiera de las dos valida a la otra; hace falta parar ya de tanta mierda.

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martes, 14 de septiembre de 2010

¡(Sobre)Viva México!

A más de un año de parafernalia y propaganda nacionalista por motivo del bicentenario, quise esperar lo más posible antes de escribir mi pesimista punto de vista sobre las formas de nuestra celebración. Esperé hasta el mero día, como desilusionado porque a la fecha lo escrito será una repetición formal de lo que se ha vuelto tristemente evidente.
Y es que ¿qué significa ser mexicano? Haber nacido en algún lugar geográfico entre Guatemala y Estados Unidos; así nomás. A quitarse de encima el choro de que el mexicano es cabrón, de que es chingón, de que se burla hasta de la muerte. A quitarse el choro aquel de la solidaridad y de la gente bonita; de la gente luchona que no se rinde, del "sí se puede", del "a tener lo que se deba aunque se deba lo que se tenga". La verdad es que no somos así. La verdad es que el atributo mexicano palpable es el de la cultura que nos ha traído aquí, donde la peligrosidad radica en nuestra alta capacidad para creer en "chaquetas mentales".
Somos solidarios, sí. Pero parece que necesitamos de un temblor que nos parta la madre para serlo y, cuando lo somos, nos podemos revolcar 20 años de 'crema al taco' porque lo fuimos y hacerlo patente de nuestra identidad nacional. ¿Qué queremos celebrar? Ciertamente no dos siglos de autoconvencernos de ser independientes, que si cien años después del primer 15 de septiembre se hizo necesaria una revolución fue porque algo andaba mal; y cien años después de esa mala revolución hay puente de 4 días y "Jetta Bicentenario". Y sin embargo, no importa qué tanto orgullo se haya logrado vender, México puede seguir diciéndose independiente pero no deja de saberse -de sentirse- que las cosas siguen mal. Y si las cosas SIGUEN mal entoces quiere decir que las cosas ESTAN peor.
Mi país es un país que no funciona. Un país donde querer hacer las cosas bien representa, cuando no una imposibilidad burocrática, una imposibilidad general. Es un país de corrupción, es un país de Televisa, un país de pasarse el alto y mentar madres. Es este un país de volarse el cambio, de ensuciar calles y rayar paredes; es un país del año de Hidalgo. Un país que no lee pero publica cada logro en la erradicación del analfabetismo; que sabe menos de impuestos que de escándalos de Lucerito. Donde una guerra entre Gobierno y Narco termina en empate por puro autogol. Lo sabemos porque si algo hay de triste en esta sociedad patria, es el morboso gusto de quejarse de México sin hacer nada al respecto porque nos gusta quejarnos o, en el peor de los casos, porque juega la selección o porque con el otro partido "nos iría todavía peor".
No importa en que "chaqueta mental" decida usted creer para no sentirse herido, la realidad está en todos los días que son y han venido siendo fuera del discurso del mentado bicentenario; fuera de la etiqueta que nos distinga como raza; fuera de la construcción mental del México lindo y querido. En bruto, como sociedad y como nación y como humanos, nos celebramos por mediocres y es un tributo a la insuficiencia y a la mediocridad.
Urge un cambio. Un cambio de actitud. Un cambio de iniciativa que no dependa de la Iniciativa México. Urge un cambio entre la banda con y para la banda. Urge un cambio desde adentro que se está dando y se nota, que algunos lo están (lo estamos) dando. Un cambio donde no haga falta un quince de septiembre para celebrarnos como nación aunque se haga entre colonos. Urge un cambio que el gobierno -a las pruebas me remito- simplemente no puede/no sabe/no quiere dar porque está de inicio mal planteado. Urge una revolución.
Ojalá después de embriagarse y gritar "Viva México" y celebrar se haga presente, como cruda de conciencia. Y ojalá no se quede en "¡ah sí es cierto!", sino que nos toque en vida tener tiempo para celebrar en el día a día algo de genuina identidad. Pero que valga la pena: sin sentir que nos estamos tomando el pelo con la izquierda y brindando con la derecha algo que no sabemos por qué queremos brindar.

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jueves, 26 de agosto de 2010

8. De Piratas, Mojados y Gobiernos Fracasados

(De "13 divertidísimas incongruencias sociales". Ver etiqueta...)
Los discursos sociales llegan y, en su movimiento, fundamentan las ideologías: esas formas de ser y hacer dominantes que determinan a cierta sociedad como diferente de cierta otra. En la acción social hay conductas que se representan como “inconvenientes” para el bien común del resto de la sociedad. Tienden, pues, a ser ilegales. Como el comercio de narcóticos (tabaco y alcohol, ¡oh fortuna!, exentos de la etiqueta), el tráfico de órganos, el asesinato pasional (y otros especímenes de asesinato). Pero también detalles no tan generales como la prostitución, la eutanasia, el aborto, la piratería, la inmigración o cítese-aquí-el-que-se-le-ocurra.

Por contravenir a convencionalismos sociales, las acciones ilegales se asumen como peligrosas (crímenes) y son perseguidas por el orden público para mantenerse a sí mismo. Cosa sana, si nos ponemos a pensar. Imaginemos lo frustrante que debe ser saber que la persecución de los malos del cuento, al sistema, le sirve tan solo en tanto tal: en la persecución y nunca en la reducción o el control del fenómeno. Como si las cosas malas fueran malas nada más para que la gente tenga sobre qué diseñar sus estructuras morales, tenga de qué hablar, tenga algo que querer solucionar. Y de solucionarlo, se acaba el juego y la cosa se pone seria. Nos ponen, pues, a jugar. Porque al Sistema no le gustan las cosas “serias”.

Viene a cuento, por ejemplo, la famosa piratería: distribución ilegal de productos (en este caso películas y álbumes musicales) por personas dedicadas a copiar masivamente y distribuir artículos por encima de los derechos de autor y permisos de distribución. Los dan, por supuesto, mucho más baratos que los originales y cada vez con una calidad más cercana a ellos. ¿Es mala? Digamos que sí: digamos que es un crimen que atenta contra la industria del espectáculo y bla, bla, bla.

Gobierno entonces se encarga de hacerle saber a la ciudadanía que la piratería es un crimen que se castiga con muchos pesos de multa e incluso alcanza prisión. La piratería es un delito entonces, está mal comprar películas piratas porque (aludiendo a la más barata y ridícula propaganda cursi y mocha) “las películas piratas se ven mal, pero tú como papá te ves mucho peor”. Chale, al menos pudieron hacer una campaña manipuladora menos pedante que el involucre de la imagen paterna… ¡pero funciona! ¿Funciona?

Siempre he defendido la idea de que en la educación de la sociedad está el cambio. Si se quiere acabar con el narcotráfico, conviene iniciar con educar a los compradores potenciales en vez de cazar a los distribuidores minoristas o mayoristas. Aunque el narcotráfico es tema de otro ensayo, úsese para ampliar la perspectiva del tema: en vez de tratar de controlar la adquisición de drogas, se quiere castigar su distribución. Matanzas, decapitados, ajustes de cuentas, miles de curiosidades que le dan en la madre a la inocente sociedad civil de por medio. No ha funcionado. Con la piratería se intenta lo contrario: el que está mal, el delincuente, eres tú: comprador de piratería, consumidor irresponsable. Controlemos el flujo de piratería educando a los compradores. Ok, cierto es que conviene modificar los mensajes con los que pretenden abarcar el problema, porque “tenemos un papá pirata” o el anuncio del cuate al que no le reciben su currículum por tener una peli pirata… bueno, no convencen del todo. Al menos no a su servidor y a otros con más dedos de frente.

¡La cuestión es que hay puestos de piratería en las calles! Personas del comercio informal que pagan sus impuestos y las rentas de un local que se dedica a exhibir y vender piratería. Y aunque el gobierno nunca cesa en su discurso de decir que la piratería es un crimen y que daña la sana estructura de una sociedad civilizada, pues tampoco parece poner mucho de su parte a la supresión del libre ejercicio de la ilegalidad en público. Gobierno incoherente para sociedad incoherente.

Multiplicado por miles, la inmigración es un fenómeno semejante. Abandonar tu país y entrar sin permiso en otro es traición a la patria. Estrictamente hablando, un indocumentado (¡ojo con el término!) perdería sus derechos de ciudadanía en el país que abandona y violaría la soberanía del país al que se cuela. Por eso se les dice “ilegales”. Y es –era, debía ser- un delito. El control de la inmigración es un fenómeno raro. Gobierno dejó de perseguir al delincuente, lo llamó paisano, y vela día y noche en las agendas del Ejecutivo por controlar dignamente el fenómeno de la inmigración. Que los dejen pasar sin hacerles daño, paisanos, que no se las armen tanto de tos. No sea así con un cabrón guatemalteco tratando de pasar a México, porque Migración acude a sacar a esos delincuentes parasitarios del suelo nacional a toda costa. En el sur está mal visto, de aquí pa’l norte está bien…

¿Por qué? Pues porque esos delincuentes mojados mandan dinero a México. Porque el comercio informal, aunque sea ilegal en ocasiones, hace que el dinero fluya sin consumir recursos de producción. Porque al gobierno le conviene. Entonces lo incoherente es seguir insistiendo en el discursito de la peligrosa ilegalidad donde, si uno se sienta a escribir en torno a tal, el gobierno solo termina apareciendo como incompetente en el control y fracasado en el intento. Frustrante ir jugando a tener crímenes que se yerguen como males necesarios, que se representan como “Guatemala” ante “Guatepeor”. ¿Pero qué hacerle? ¿Sigue estando mal, o el que está mal es uno? Las cosas que hay que ver…

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jueves, 5 de agosto de 2010

Hacia una filosofía del desapego II

Dice Gerardo Aldana Martínez: “lo primero que hay que erradicar de nuestras mentes es la idea, extremadamente arrogante, de que somos el centro del cosmos. Los humanos existimos como una más de las múltiples formas vivientes que han hollado la faz de la tierra. Al igual que el resto de los seres vivos, pereceremos como especie, así lo revela la evidencia evolutiva. ¿Qué soberbia nos hizo pensar que somos para siempre?”

Aunque en su contexto original la cita (de un artículo que publicó en Algarabía de Julio 2010) versaba sobre el ambientalismo y tal, la idea me resultó encantadora para la filosofía del desapego que tanto me atrae. Y es verdad: de las millones de formas de vida conocida que existen y han existido en este planeta, pareciera que el ser humano es el único que insiste en creerse con el derecho (a ratos hasta con la obligación) de ser para siempre.

Porque sigue siendo una cuestión antropocéntrica brutal, en tanto se insiste en no escribir sobre el “fin de nuestra especie” sino sobre el “fin del mundo”. El día que el ser humano se extinga, deberá ser porque el mundo entero – el universo entero – así lo haga. Nos resulta inconcebible que la vida pueda seguir sin nosotros y aún más: hemos tenido que inventar la vida eterna, algo más allá del episodio terrenal en que vivimos, ante nuestra insistente necedad de perdurar pese a todo.

No es tan difícil trasladar el asunto de lo general a lo particular, ya no como especie sino como individuos interactuando sobre una concepción determinada de la vida. Conceptos que se me ocurren: conservación de la especie, instinto de supervivencia, apego a la vida. Del último me ocupo en esta ocasión.

No es sencillo desapegarse de La Vida. Como en el escrito anterior sobre el tema ya lo había puesto en claro, desapegarse no significa desprenderse o sentir indiferencia hacia algo, sino entender que es un algo finito y que se acaba y punto. Disfrutar, dejarse afectar por lo que en el proceso de estar a desaparecer pueda pasar, podría ser el fin último de una filosofía del desapego.

Contrario a la noción religiosa (escribiría “católica” pero me parece que más religiones comparten esta noción) en que la vida terrenal es solo un puente con una Vida Eterna que hay que merecer y por la que hay que padecer en un mero acto de fe ante lo desconocido, este desapego sugiere que la Vida hay que vivirla mientras dura, por lo que dure. Como llegó se irá, se está yendo (uno comienza a morir desde que nace), y si después sucede o no cualquier cosa ya no es asunto nuestro. Tal vez sea demasiado frío tratarlo de entender cada quien sobre su propia vida, pensemos entonces en el apego a la Vida de los otros: los que desarrollan un vínculo personal con cada uno.

Esa gente con quien se genera una relación de estima, empatía o emociones varias; con quien se tiene un vínculo significativo como los amigos, los hermanos, los esposos, hijos, padres, hasta los profesores o conocidos que de alguna manera significan algo para un individuo. Desapegarse a ello, entender que son finitos y se acaban –acabarán- y punto. Sigue sin ser fácil, pero es más comprensible que entrar directamente a tratar con la vida propia. La muerte llega y termina la vida; la Vida sigue. “Los que nos quedamos” lloraremos al difunto, velaremos por él, le pondremos monedas en los ojos, lo quemaremos en un bote en el río, o lo que la tradición dicte. Lo extrañaremos. Pero es importante hacer tangible un desapego porque quedarse en el rito fúnebre, o en las emociones propias de un rito fúnebre, no ayuda a nada sino a hacer que ‘los que nos quedamos’ nos quedemos muertos en vida.

Y sin llegar a la muerte, porque si yo estoy escribiendo esto y usted lo está leyendo entonces ninguno de los dos la conoce realmente, el apego a las personas es análogo en toda relación. Perder a un amigo por circunstancias determinadas, terminar con una pareja, un matrimonio, despedir en el aeropuerto al amigo de la infancia… sigue costando trabajo dejarlo ir. Lo usual para la filosofía de este Sistema es apegarse, aferrarse, padecerlo. El miedo a la Soledad es la fobia con más patrocinadores en el mercado, la idea de que somos seres incompletos y NECESITAMOS a otro para completarnos (base de la concepción del Amor que sigue rigiendo al mundo) no te prepara para desapegarte de las cosas materiales, de la materialidad de esas cosas que nos hacemos llamar personas.

Es un miedo infundado. Basta con apreciar a la Vida por sí misma; basta con dejar que la relación con las personas afecte como debe afectar, lo que deba afectar, sabiendo que terminará y, cuando termine, no pasa nada. No quedarse llorando la muerte de Fulanita en luto de por vida, ni dejar de creer en el amor o maldecir a los hombres porque la relación falló; ni tomarse en serio lo de “el amor de mi vida” con cada nueva relación. Vivir es más que suficiente. Entender esto es una cosa; practicarlo, otra. Lamentablemente no hay otra manera más pura de entender el desapego que entenderlo desde aquí.

Paremos pues de sufrir. Vivamos tantito sin tanto desmadre. La ventaja es que aquí sí es inevitable: con las cosas materiales, inanimadas, el desapego se siente mucho más voluntario. Pero con las cosas vivas, la Vida funciona y punto. Aunque no quieras desapegarte tendrás que terminar haciéndolo (“estaba en Dios” o “solo Dios sabe por qué hace las cosas” es el reconocimiento de esta realidad que se escucha en un funeral, por ejemplo) porque aquí la Vida te lo quita y sólo dependerá de ti qué tan pronto puedes asimilarlo como lo natural que es el juego. Ella se desapega de ti, tú nomás puedes ver cómo te lo tomas. La opción A es leer lo escrito y pensar “loco pesimista”. La opción B la sobreentiendes, si te pones a pensar.

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