jueves, 25 de marzo de 2010

Sudar la Vida

El que no suda está enfermo.

El sudor es un fluído de limpieza, el organismo lo saca de manera natural para purificarse. Es como orinar, cagar o eyacular. Y del mismo modo (si bien no en la misma medida) está catalogado como escatología y "es feo" hablar de esas cosas. Pero el que no saca la porquería que hay en el cuerpo, se muere. Así de fácil.

La gente no quiere sudar. Nos educaron para tratar de sudar lo menos posible. Las cosas que te hacen sudar son, a lo mucho, malas para el orden social. Uno debe aprender a vivir cómodamente y sin sudar: el sexo sigue siendo algo "sucio" en nuestro sistema de valores (en términos generales); es mejor trabajo el del traje y la supervición que el del obrero o chalán (sudas más, te pagan menos...), tener un auto es mejor que caminar para fines prácticos, y tener chofer es mejor aún que solo tener un auto.
Y he aquí que, independientemente de los beneficios del buen sudar (limpia el cuerpo, regula su temperatura, expulsa toxinas, hidrata la piel...), la onda se presta para una interpelación más filosóficamente interesante: sudar la Vida.
Para lo que nos resulta obvio por orgánico, es más feliz el que suda; el que sabe sudar. Uno deja de hacer muchas cosas porque "ensucian", pero la propuesta es simple: hazte sudar. Baila, baila mucho. Corre de vez en cuando, juega cuanto puedas cada vez que puedas. Disfruta del sexo más con el cuerpo que con la cabeza. Siente miedo, disfruta el miedo; el vértigo, la incertidumbre. Cuando te pidan tres kilómetros, camina cinco: suda! Porque al final el que no suda se muere, y donde haya sudor hay vida. La propuesta sigue siendo simple: vive.

Que otros se preocupen por inventarse antitranspirantes mentales en relación a lo que funciona o no funciona para el orden social. A nosotros, algunos de nosotros, nos debe tocar mostrar que no pasa nada. Quienes se encierran en la imposibilidad de no dejarse sudar, son como entes que se oponen a cagar. Todo lo que no sale del cuerpo se acumula (mierda, sudor, miedo, tristeza, odio, alegría, energía...). Y lo que se acumula en el cuerpo termina por llenarlo, a veces rebasarlo, siempre hiriendo. Las cosas, todas, deben salir de la mejor manera posible. El sudor es un vehículo agradable. Déjalo fluir.

Y no estoy escribiendo sobre sudar a lo pendejo, no olvidar que la interpelación es filosófica desde el principio: deja a la vida fluir, que la Naturaleza suda a través de nosotros.





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lunes, 8 de marzo de 2010

Creo, No Creo

No creo que la gente necesite algo en qué creer; creo que creemos que necesitamos.
Por mi parte, creo que creer es prescindible pero enriquecedor. Agobiante, estresante y (sin embargo) estimulante para el ejercicio de Ser y Hacer. Creer en algo nos permite avanzar pero, más allá de eso, sentir que avanzamos. Porque avanzar es inevitable, pero cuando se avanza a partir de una creencia cualquiera, el avance se hace nuestro, se manifiesta. Por eso -como un mero juego literario- un orden particular de creencias se hace llamar "Manifiesto".
Así pues: creo en La Verdad, aunque no la conozca ni crea poder hacerlo. Creo en La Vida y en la Lealtad. No en la verdad que se dice desde la lengua de cada uno, ni en la verdad que se presta a interpretaciones optimistas o pesimistas; o interpretaciones cualesquiera. No creo en la vida después de nada, ni en los valores que, como moscas, la rodean en el cotidiano. No creo en la lealtad que tiene un precio, o aquella que puede ser medida por parametros de comparación soportados en funciones. La Verdad, la Vida y la Lealtad: la misma cosa en su escencia última. Creo en lo esencial.
No creo en el Bien y el Mal, no creo en la moral ni en cualquier institución que proceda a partir de la manipulación de estos polos. No creo, entonces, en la educación civica, ni en la Iglesia, ni en el gobierno de derecha o de izquierda o tal. Creo en la gente, pero no creo en lo que la gente dice. Creo también en Dios, pero no en lo que Dios dice. Creo en lo que puede ser demostrado, pero siempre a partir de que su demostración sea concluyente en mi visceralidad.
Creo en el arte, no creo en el artista. Creo en el amor; pero no en mayúsculas, no en el absoluto y poderoso Amor que se ha ganado tanta popularidad desde que fuera inventado. Creo en la igualdad entre seres humanos; cada vez, no obstante, creo menos en eso de ser "seres humanos". Creo, por sobre toda práctica social, en el Sentido Común. No creo en el fanatismo, la hipocresía, ni los medios de comunicación. Creo en la educación por encima de toda institución educativa. Creo en la evolución de la energía, en el movimiento, en la voluntad. No creo en el destino.
No creo en mí ni aunque crea. No me creo. Pero sé que creo lo que escribo y no creo en nada que no se pueda escribir. Creo en el divino derecho de Ser como cada quien quiera, y creer en lo que cada quien crea. Porque así es como funciona, porque así es, así ha sido. Y creo que mi manifiesto es el eco de los antiguos, que nadie se hace solo o gracias a nadie.
Eso es lo que me permite avanzar. A veces hacia ningún lado, pero definitivamente creo que si se avanza lo suficiente se llega siempre a algún lugar. No creo en las metas, creo en los caminos.

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martes, 9 de febrero de 2010

El grosero arte de ser sincero

La doble moral, ese exquisito objeto de estudio de ciertos locos enamorados de las dinámicas sociales, tiene una delgadísima línea entre ambas "morales" que a veces es complicadísimo determinar. Por ejemplo: el himen interpretativo entre la sinceridad y la grosería, que degenera a su vez en la siempre confusa relación sutil-hipócrita.

Habemos personas adictas a la Verdad. Sentimos un desenfrenado placer y un gusto gigantesco por expresarla y recibirla. A veces, dicen los muchos, la Verdad duele. Y es probable que así sea, pero hay que estar atentos al hecho de que la Verdad no duele por sí misma, sino por la forma en que es recibida.

No, dicen de nuevo los muchos. No se trata de recibir la verdad sino de la forma en que se dice. Y esa es la membrana a la que me refería. Si eres sincero, directamente sincero, la gente te tilda de "grosero". Vaya pues, que si te preguntan "¿te gustó?" y dices "no" te dicen "¡qué grosero!" No grosero porque no te haya gustado, sino porque tienes que recurrir a un eufemismo para ser socialmente asimilado. "pues... estubo bien" "más o menos" "no del todo..." pero nunca un NO directo, porque eso es grosero. Independientemente de si no te gustó en absoluto. El argumento es que puedes decir las mismas cosas de una manera "sutil", que no sea hiriente.

El atributo de hiriente no lo tiene por sí mismo la respuesta ni la palabra. Sino el contexto. ¿De verdad es ofensivo hablar directamente? ¿Resulta tan grosero ser sincero a ronco pecho? ¿Necesitamos maquillar nuestras respuestas para no herir la suceptibilidad del otro? No, amigo mío, no es necesario. Lo que convendría es entrenar nuestras suceptibilidades para que no se hieran ante cuestiones tan fundamentales. Y las "cuestiones fundamentales" pueden ser tan profundas como se quiera.

Actualmente, cuidar el autoestima es importante. Conviene ser sutil en nuestra forma de relacionarnos. Los negros se lastiman si no se les llama afroamericanos; las putas no son putas, es grosero (llamémoslas sexoservidoras). Tu novia jamás se verá gorda, y el vestido que escogió se le debe ver bien siempre; aunque tu trabajo "pudo estar mejor", nunca está mal del todo. El autoestima en riesgo. La forma más baja de ser hipócrita, el mejor escudo para no ser grosero, la manera eufemista de ser sincero...

¿Y si cambiara la dinámica? Si pudieras preguntar "¿me veo gorda?" y te pudieran decir "sí, de hecho" y lo asimilaras como un "orale, estoy gorda" y san-se-acabó? La realidad es que el autoestima no se lastima por este fenómeno, sino porque nos han educado para que nos sintamos ofendidos por ello. Porque son "groseros". Pero una persona que pueda aceptar la sinceridad del otro con lo directo y crudo que puede ser, desde mi punto de vista, sería un autoestima elevada. Porque sería un autoestima sincero y no otro juguete de los muchos.

La dinámica no va a cambiar. Lo sabemos todos. Y los puntos de vista al respecto se pueden disparar al infinito y un debate salido de la nada puede llevar todos los minutos que se pueda querer. La Verdad es que, para los que amamos ser sinceros, nuestro mérito está más en saber recibir la Verdad que en pretender decirla. Y nuestra frustración viene de ahí, de que amamos recibir las cosas como son y nuestro contexto se empeña en disfrazar respuestas. ¿Quién es entonces el grosero aquí?

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lunes, 30 de noviembre de 2009

De amores y vampiros

Heme aquí, reseñando el discurso de "luna nueva", la segunda película de la saga de "crepúsculo (maldita-la-hora-enquela-publicaron)"
No vine a hablar de la película, sino del trasfondo. La falta de respeto, la obviedad, la materialización vomitiva de los clichés que Stephenie Meyer evoca de nuevo para una generación adolscente que no se cansa de masticar cochinada; peor: ahora se cree lo que mastica.

Confieso haber leído el primer libro con devoción. La idea era tener competencia textual con mis alumnas, que no hablaban de otra cosa que del maravilloso libro con el maravilloso tema con la maravillosa acción. El segundo ni ganas de leerlo; y de no ser por el espíritu de la curiosidad (cuya encarnación pareciera que yo soy) no habría visto la película. ¿Para qué ver lo que ya se sabe que es lo mismo que se vio? Lo mismo que se viene viendo desde Televisa hasta las nuevas generaciones de Barbies y Bratz.

Dejemos de lado las libertades creativas que se autoconcedió la autora para pasarse por la entrepierna siglos y siglos de tradición literaria de licantropía y vampirismo; dejemos de lado también las cuestiones de producción que hacen a la película deficiente. Vayamos al centro de la crítica: el amor. O más bien dicho la caricatura del amor, grotesca y tal, que la película no para de repetir.

La figura de Bella (hasta el nombre es un cliché...) como la niña boba, enamorada platónicamente del hombre perfecto (el príncipe, el galán mediático, el guapo de telenovela, el imaginario colectivo...) puesta enteramente a sus pies. ¡Las reproducciones masivas de "bellas" en la vida real es estremecedora!

Soy testigo, por mi trabajo como profesor de primaria-secundaria-preparatoria, del impacto que esta representación del amor tiene sobre las adolescentes, que queriendo o sin querer siguen reproduciendo el esquema una y mil veces. Creo que cada generación tiene sus referentes culturales, sí; pero ¿cuándo pensamos cambiar de enfoque? Una Bella que se queda frente a la ventana 3 meses porque su hombre ideal (idealización de hombre, mejor) la abandonó. Nada que hacer, dependiente completa de las circunstancias del tercero, viéndolo hasta en la sopa por su necesidad autoinducida de ser protegida. La invitación a encontrar el "amor verdadero" en la sumisión de la voluntad, en la imagen de la niña idiotizada por el otro, de la autorrealización a partir del otro, del amor que todo sacrifica y nada entrega. La eterna búsqueda de un amor que no existe más que en la literatura; y si se me permite, de un buen tiempo para acá hasta la literatura se quitaba de obviedades y delineaba un amor más inteligente.

Con Crepúsculo suceden dos cosas: las chavitas van construyéndose a sí mismas como dependientes de ese amor platónico, que es de plástico y es ingenuo hasta en su definición. En lugar de entregarse a lo que se puede ir sintiendo en términos reales, se frustran por buscar el "modelo" sugerido en el librejo y no encontrarlo. Si no es como Edward Cullen, no merece ser amado. Y la palabra "frustración" es terminalmente pesada en ese momento, porque Cullen no es válido ni para su propio relato, vaya pues.

La segunda cosa es una consecuencia directa tal vez más abrumadora: como no hay Edward Cullens en la vida real, nos proyectamos con el personaje del librito. ¡Y lo proyectamos a un actor! Y Pattinson adquiere todos los atributos de un personaje irreal, como sucede seguido en el medio. Malo no es que el personaje sea más grande que su intérprete... malo que se lo crean.

Así, el facebook está tan lleno como la escuela (y la escuela como la calle) de gente que busca el amor como Bella. De frases gastadas que pudieron ser útiles en el siglo XVII pero a estas fechas, digo yo, ya estamos para otras cosas. En la espera de un amor que todo lo resuelva, que a todos los someta, que las vuelva sumisas y dependientes y apegadas a un hombre ideal que, técnicamente, nada de ideal tiene más que su estrategia de venta. ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Qué tan válido es un modelo de relación así en un contexto ASI, como el nuestro, como el cada día? Dirás que no se trata de lo que se pueda hacer, sino de lo que te permita soñar. Aún así: ¿soñar con eso? ¿aspirar a eso? La Verdad es que existen configuraciones del amor y relaciones de pareja mucho más ricas, mucho más significativas y mucho más valiosas que ese esquema del "amor imposible/pero eterno". Amor que se puede buscar compartir y no buscar merecer. Sigue siendo cosa de cada quién.

Yo tan solo espero que los crepusculofílicos se pongan a pensar aunque sea un poquito en sus motivaciones. Leer más, leer más cosas (por ejemplo), puede ser un buen inicio para profundizar en el tema.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Va del éxito!

Angustiando por no conocer el sentido de mi vida, la razón por la que hago las cosas ni para qué las sigo haciendo, hube de conversar con infinidad de personas (la infinidad es siempre un término relativo); no tanto para encontrar mi sino, sino para entender el de los otros y darme guías entre mis semejantes. La constante: una noción del éxito.
Cosa que me resulta tramposa, desde el planteamiento del éxito en la vida urbana. Tener éxito es cumplir con tus objetivos, realizar tus metas. Aquí la primera paradoja: si mi problema era no tener metas ¿proponerme el éxito como objetivo? Es como empezar la carrera un paso atrás del arranque y en cuatro segundos llegar a la meta... Pero el éxito es (dicen que es) la excusa para luchar por algo. ¿Y si mi meta es la muerte? ¡Tengo asegurado el éxito! ¿Qué tanto habría de luchar por algo que tengo ganado? Soy exitoso al fin.
Y eso es algo bien curioso. Levantose una encuesta casera (en el mero afán de practicar la arquitectura del ocio) y resulta que todo aquel que fue encuestado se considera a sí mismo "exitoso". Lo considera así el tío dueño de mil propiedades, con amante joven y carro de lujo; también lo considera así la estudiante de secundaria sobreprotegida y el amigo enfermito terminal con deudas hasta el gaznate. Todos somos exitosos en la medida en que nos sintamos a gusto con nuestro modo de vida. Si todos somos exitosos, el concepto de "éxito" pierde su caracter de meta (algo a donde llegar). ¿Entonces?
¡Entonces el EXITO sirve para escribir libros de autoayuda y nada más! Tener éxito = tener más. Más comodidades, más lujos, más satisfacciones, más autoridad, más prestaciones, más amigos, más felicidad. Esto no lo digo yo, yo pienso algo diferente. Esto sale por observación inverosímil de la gente. Luchar por... aspirar a... ambicionar el... tener... éxito. Somos entes competitivos por cultural naturaleza. Pasamos la vida haciendo todo por ser felices, por ser personas productivas (o no) pero exitosas. Pero más allá de eso, pasamos más vida preocupándonos por cómo conseguirlo, por si lo estamos logrando, si algo estamos haciendo mal.
Haz la prueba: entra en una librería y date cuenta de cuánto libro (pseudolibro) existe para cuestiones de éxito: éxito en las finanzas, en las relaciones personales, en los negocios; éxito espiritual, profesional, intelectual... ¡Cuánto dinero se gasta en leer la manera de hacer más dinero! ¡Cuánto tiempo se tira en leer sobre la manera de aprovechar más el tiempo! Cuánta mierda (caray ¡cuánta mierda!) nos metemos en la cabeza entre el zodiaco y el presidente municipal, entre la universidad (que no la vocación en muchos casos) y las comparaciones con el otro, con el europeo, con el extraño. Cuánto parámetro entre estar bien y estar mal.
Y al final, cosa curiosa en demasía: a la simple pregunta de "te consideras exitoso" la respuesta es espontánea, sincera, y verdadera: "sí, de hecho sí". ¿Entonces para qué tanto pelear con los esquemas? ¿Para qué tanto apego, tanta preocupación, tanta nece(si)dad de crecer?
El éxito (lo leí en un blog harto concreto) es ser feliz sin tener que demostrárselo a nadie. Linda y mejor definición. Y yo sugiero que todo el mehoyo del éxito no está en ser más y mejor, o en realizar tus metas. El éxito al final se trata de aprender a tener lo justo y necesario... y no tener problemas por ello.

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martes, 3 de noviembre de 2009

La educación por el arte y viceversa

Cuando uno se dedica al Teatro en nuestro contexto -y tal vez también a toda manifestación del arte- es muy difícil vivir de ello. Muchas veces uno recurre a otros trabajos; por ejemplo: la docencia del arte en cuestión. Cuando encuentra (como es mi caso) una vocación en la docencia artística, se termina por aprender muchas cosas por encima de lo enseñado.

El siguiente es un escrito de mediana protesta ante las circunstancias en que esa educación ha devenido. Lo sugiero como comentario y no como acusación, pero mientras mi voluntad de escribir y protestar puedan darse la mano, mi trabajo será encontrar espacio para su comunión. Aquí va:

Es el arte una manera hermosa de educar. Desde una perspectiva lúdica en los niños, hasta un espíritu crítico en los adolescentes y jóvenes y adultos. El arte desarrolla competencias y habilidades prácticas de mucha utilidad. Cuando damos clases de arte en una primaria, secundaria o preparatoria, de sobra sabemos que no estamos entrenando actores o artístas profesionales. Las habilidades que el arte explota no sirven para el arte en este nivel, sirven para la vida: sensibilización, trabajo en equipo, expresión, análisis crítico, autoconocimiento y conocimiento del entorno, disciplina, desinhibición, seguridad, autocontrol, etcétera. Amén de las habilidades específicas que se desarrollan a nivel físico, como en el caso de la música el desarrollo del oído, en la pintura la capacidad de abstracción y en el teatro o la danza el desarrollo psicomotriz y demás curiosidades anatómicas. La docencia del arte se dirige entonces al desarrollo de estas habilidades en el individuo sin la pretención de que su aplicación se oriente exclusivamente al arte: lo mismo ayudan al sujeto en una presentación escénica como en una exposición en clase, una discusión en una salida social o una importantísima junta de trabajo.

Muchos ensayos ya he escrito sobre el menosprecio que el sistema educativo, en su configuración actual, sigue otorgando a la materia de arte en los programas de nivel básico, medio y medio superior. No cabe aquí ahondar en esos tenores. Aquí sugiero un estudio de caso, hipotético si se quiere, en que el enfoque de la educación por medio del arte se frena por quien debería promoverlo. Porque uno como profesor ha de cumplir con el programa o el objetivo de la materia, muchas veces reducido a la presentación de los alumnos en festivales escolares sin importar el desarrollo individual, que sugiero como ventaja en el párrafo de arriba.

En una escuela una vez (y por ejemplo) nos prohibieron que los alumnos realizaran figuras acrobáticas en las coreografías de comedia musical. El argumento de la dirección: es peligroso para los alumnos, no están preparados. No se hicieron figuras estéticas ni acrobáticas y nos limitamos a la coreografía plana. Más adelante, en el mismo proceso, nos prohibieron que los alumnos tuvieran contacto físico entre sí. El nuevo argumento: el morbo en los alumnos... peligroso, no están preparados...

Este estilo de mentalidad, que espero no sea el que impera en otras escuelas, entorpece y ensucia el desarrollo de la educación artística y la educación en general. Además, claro, de que va en contra del Sentido Común. ¿Cómo se espera que un estudiante esté preparado para realizar labores complejas si no se le entrena para tal? ¿Cómo se usa un argumento como "el morbo" si no se permite trabajar en las dinámicas específicas para anular el morbo como tal? La lógica parece ser: el alumno no puede correr 1 kilómetro porque no tiene condición física. Cuando en realidad, evidentemente, la lógica debe ser: ¡el alumno tiene condición física porque corre un kilómetro!

Con esas obstrucciones mentales en la cabeza de quienes dirigen las instituciones educativas, el desempeño del docente en arte se verá tan limitado como aquí sigue. Hace falta entender que la educación artística propone métodos de desarrollo individual orientados a la integración del ser humano como ente personal y como ente social. Hace falta darse cuenta de la herramienta que esto puede representar en los estándares de calidad educativa de un país como el nuestro. Hace falta que se le otorgue algo de importancia a la materia más allá del "taller" menor que hasta ahora es; porque en la lógica expuesta y cualquier cúmulo de adicionales en el entorno cultural de nuestro país, es precisamente en donde se generan los ciudadanos limitados que forman el cimiento de la sociedad jodida de que tanto gustamos de quejarnos.

Y no es que en el arte esté el hilo negro de la educación. Es que en el tratamiento que se le ha dado al arte está un buen pedazo del cachito podrido de la manzana. Nada más eso.

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martes, 27 de octubre de 2009

Me robaron mi laptop, ya ni la chingan!!

(Reproduzco aquí un texto de hace algún tiempo de un gran amigo: Pablo Ochoa. Lo dejó como comentario en un post sobre el desapego, pero me parece que es pertinente publicarlo tantito como homenaje a lo que este texto significó para muchos, tantito también por no dejar de amorfizar conciencias, a lo que el texto funciona y merece) (Un abrazo a Pablo Ochoa)

Jajajaja había una cancioncita que decía: …Meeeeee robaron mi tambor ya ni la chiiiiiingan… que siempre me dio mucha risa por que, por lo que entiendo, es la continuación de la canción del “niño del tambor” el cual solo poseía ese viejo tambor Jajajaja que ojetes… es humor negro pero así es la vida y el niño debió de seguir adelante con o sin tambor.

Esta muy chido el rollo de desprenderse de lo material (trascenderlo) y de no depositar tu felicidad en lo que quisieras tener, pero llevarlo a la práctica es otra cosa… Aunque esto suena muy oriental, en el mismo catolicismo lo incluye: “deja todo y sígueme” (en otras palabras renuncia a todo y entrégate a la existencia) sin embargo en sentido práctico, no es sencillo. Para evitar confusiones quiero utilizar una analogía: algunas personas piensan que dar la vida significa morir y otras que renunciar a lo material es alejarse de todo lo que te da el mundo, yo considero que ambas están equivocadas.

En la primera es más evidente: no estás dando tu vida, ¡estás dando tu muerte! Sin embargo la segunda necesita analizarse un poco más: Todos necesitamos materia para vivir, comida para el estomago, oxigeno para los pulmones, dientes para masticar, piernas para movernos, cabello (y también ropa) para el frío y así podemos seguir hasta el punto de decir que necesitamos un auto para ir a trabajar. Todo es materia; por tanto, renunciar a toda materia es dejarte morir, lo cual se le dice SUICIDIO y ya no te estas entregado a la vida sino a la muerte. Así que ¿qué quieren decir con “renuncia a las ilusiones materiales”, “suelta todo lo que te ata con este mundo terrenal” y “déjalo todo y sígueme”?. No tengo “LA” respuesta pero si una salida viable que se desprende de un principio muy importante: “Ya eres lo que puedes ser” es decir: LA BUSQUEDA TERMINA AQUÍ, ya tienes todo lo que necesitas para ser feliz, ya eres suficientemente bueno para ti mismo y ya eres digno de todas las bendiciones que has recibido.

En ese momento ves con amor todo lo que esta en tus manos y lo disfrutas… cada pedazo de pan que llega a tu boca tiene un sabor completamente nuevo, cada aroma tiene un significado maravilloso, cada persona en tu vida es importante, eres capaz de disfrutar cada momento pleno y consciente y, sobre todo, eres capaz de vivir al máximo lo que está en tus manos para saber dejarlo ir en el momento en que se termine. De aquí sacas buenas conclusiones: 1 Si quieres vivir plenamente lo que tienes HOY, olvídate de lo que tenías AYER y deja de preocuparte por le que tendrás MAÑANA. (también aplica para: “lo que eres HOY”) 2 Si de repente pierdes eso que te esta haciendo feliz entonces olvídate de ello y sigue adelante. 3 No es fácil (jajajajaja), todos nos apegamos a las cosas; a alguna relación amorosa, a nuestros zapatos viejos que nos gustan mucho, a cualquier bien material que nos da alegría, a todas las fotos y objetos que nos recuerdan gratos momentos y viejas experiencias, a nuestro cuerpo que nos permite hacer de todo, a nuestra familia y amigos que amamos y que siempre nos apoyan.

Sin embargo “la vida” no se anda con mamadas y en cualquier momento podrá llevarse cualquiera de estas cosas, la gente muere, las cosas se pierden (o te las roban jejejejeje), las relaciones amorosas se terminan, el cuerpo envejece y en algunos casos queda destruido por algún accidente, ¡en todos estos puntos es cuando realmente nos enfrentamos a renunciar a lo material! y ¡ah! que cabrón es esto… no nos imaginamos nuestra vida sin familia, sin comida (realmente sin comida), sin piernas, sin ojos o sin amigos, en otras palabras, sin TODO lo que crees que forma a tu persona.

Yo siempre sueño que se me caen los dientes y tengo mucho miedo de tener cáncer en la boca y no volver a comer como lo hago ahora. Pero del mismo modo encontramos cientos de historias de gente que sufrió perdidas enormes de personas que vieron morir a su pareja e hijos y se sobrepusieron, de gente que quedo paralítica y encontró que su vida aun tenía sentido, de gente que salió de la pobreza y que luchó contra la opresión por alguna causa que consideraba justa, incluso de personas que tuvieron una vida hueca y sin sentido hasta el día en que (Gracias a Dios) les dio cáncer y encontraron un “por qué” en su vida. ¿Cómo es eso posible?, en muchos casos el reponerse al sufrimiento le da sentido a la vida del ser humano y demostrar que ERES MÁS GRANDE QUE TUS CIRCUNSTANCIAS te da el tesoro más valioso y la riqueza más preciada: puedes ser feliz PASE LO QUE PASE… y que huevotes se necesitan para esto…

Hoy me abrieron mi coche y me robaron mi mochila café con un logo bordado en la parte de enfrente, con mi tarea del jueves, mis apuntes del semestre, el radio con un disco que yo quemé, mi Laptop y dentro de ella las fotos, cartas y recuerdos que fui acumulando por 23 años… dejarlo ir, no hay de otra.

Estoy en un excelente momento dentro de mi vida: SOY FELIZ y creo que, al ponerlo en perspectiva, se robaron algunas de mis cosas pero no mi felicidad, Dios proveerá…Un buen día me di cuenta que la felicidad esta dentro de mí, que cualquiera puede venir a tomar de ella… pero nadie es capaz de llevársela.

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